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Seguridad y logística: el 83% de los robos al transporte de mercadería golpea a los vehículos utilitarios

La IA y la videovigilancia móvil ganan protagonismo en un escenario donde ya no alcanza con saber dónde está un vehículo, sino que es necesario controlar qué ocurre durante el recorrido.

Cada compra online pone en marcha una cadena logística inmensa, con camiones, utilitarios y vehículos de reparto que recorren miles de kilómetros para abastecer centros de distribución, trasladar mercaderías entre ciudades y completar las entregas de última milla. Si bien es una actividad que siempre existió, el comercio electrónico elevó el volumen de operaciones, fragmentó los envíos y aumentó la exigencia sobre cada trayecto. Esa fragmentación tiene un correlato directo en el delito: sobre 4.490 robos a transporte de mercadería registrados en un período de 12 meses, el 83% recayó sobre camionetas y utilitarios de reparto, y apenas el 17% sobre camiones de gran porte.

“El crecimiento del comercio electrónico impone nuevos escenarios para las redes de logística que deben recorrer miles de kilómetros y enfrentarse a problemáticas no resueltas, como la piratería del asfalto”, sostiene Sebastián Cason, presidente de CASEL, cámara coorganizadora de Intersec Buenos Aires.

Efectivamente, los números reflejan esa transformación: el Estudio Anual 2025 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) indica que el año pasado se registraron 253 millones de órdenes de compra, que movilizaron 645 millones de productos, mientras que el 59% de las entregas se realizó directamente a domicilio. No es un dato menor: los comestibles (38% de los robos) y la paquetería urbana (24%) son hoy los rubros más golpeados por el delito, justamente los que más crecieron de la mano del comercio electrónico.

Este escenario modifica las prioridades de la seguridad logística, donde hasta hace algunos años buena parte de los esfuerzos se concentraba en proteger depósitos, plantas industriales o centros de distribución. Hoy, una parte creciente del riesgo se encuentra durante el traslado.

“Los sistemas de rastreo satelital, que durante años permitieron conocer la ubicación de una unidad en tiempo real, comienzan a complementarse con videovigilancia móvil, inteligencia artificial, telemática y conectividad vehicular”, señala Cason.

Detrás de estos cambios hay una realidad: el mapa del delito logístico mutó. Mientras los centros de distribución reforzaron sus perímetros con tecnología fija, la mayor exposición pasó a la vía pública, concentrada en el AMBA: el 52% de los casos se registra en la provincia de Buenos Aires y cerca del 20% en la Ciudad Autónoma, mientras que el resto se distribuye en distintas provincias del interior.

“La seguridad no puede esperar al colapso, ni responder con la masa física ni escoltas dedicadas, inviables para la logística capilar: la respuesta necesariamente ha de ser tecnología embebida e invisible”, sostiene el presidente de la cámara.

A las cerraduras electromecánicas con geocercas dinámicas y los sensores de apertura inteligente ya implementados, se suman, por ejemplo, las cámaras embarcadas con analítica en el borde (Edge AI), pensadas para proteger al operador en el momento exacto de la parada urbana.

Ante este escenario, el objetivo dejó de ser localizar un vehículo para pasar a comprender toda la operación: se integran cámaras, sensores y algoritmos que analizan imágenes y datos de manera simultánea, y permiten detectar maniobras riesgosas, distracciones del conductor, detenciones no previstas o desvíos de los parámetros esperados. No es un detalle menor: el 54% de los robos se concreta durante operaciones de carga y descarga, y un 27% adicional en semáforos o detenciones eventuales, es decir, en los mismos momentos que esta tecnología busca cubrir. La tendencia también se refleja en la expansión de los vehículos conectados. Según estimaciones citadas por la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL) y la Cámara de Empresas de Rastreo Satelital de Argentina (CERSAT), entre el 15% y el 20% del parque automotor argentino estará conectado hacia 2030.

Para alcanzar estos niveles de adopción será necesario profundizar en:

  • Normativas claras y actualizadas que regulen el uso ético de la videovigilancia móvil, respetando la privacidad sin perder eficacia.
  • Incentivos fiscales o financiamiento accesible para la incorporación de estas tecnologías, especialmente en PyMEs y flotas de transporte urbano o interurbano.
  • Capacitación técnica para instaladores y operadores que estarán a cargo del despliegue y mantenimiento de los sistemas. Espacios de actualización profesional como Intersec Buenos Aires permiten dar a conocer las últimas novedades e intercambiar experiencias entre profesionales.
  • Interoperabilidad entre dispositivos, plataformas y centros de monitoreo, tanto públicos como privados.
  • Criterios de homologación y buenas prácticas operativas para equipos de rastreo, cámaras embarcadas, sensores, plataformas de monitoreo y servicios de soporte técnico.

“La seguridad a bordo se ha convertido en prioridad tanto para los usuarios como para las autoridades, y las cifras y tendencias lo confirman. Invertir en cámaras, sensores inteligentes y conectividad no es solo una medida preventiva contra robos o siniestros: es una decisión estratégica que mejora la operación, brinda datos valiosos y salva vidas”, indica Cason.

Ese impulso también se refleja a escala global: el mercado mundial de sistemas de videovigilancia alcanzó los USD 64.790 millones en 2025 (con una proyección de USD 71.650 millones para 2026) y se prevé que llegue a los USD 118.830 millones hacia 2031, según datos de Mordor Intelligence. Las consultoras coinciden en destacar un aumento sostenido de la adopción de tecnologías como la conectividad 4G/5G, sensores inteligentes e IA en el transporte público, la logística urbana y los vehículos particulares.

El crecimiento del e-commerce no cambió la forma en la que viajan los productos, cambió la escala, la velocidad y la complejidad con que lo hacen. La logística ya no se juega únicamente en los depósitos o los centros de distribución: cada recorrido genera información que puede convertirse en una herramienta para anticipar riesgos, reducir costos y mejorar la eficiencia.