ENTREVISTA 100% SEGURO.- El mercado asegurador chileno atraviesa una situación sólida, producto de un proceso de desarrollo que tuvo especial impulso durante las décadas de 1990 y 2000. Actualmente, la penetración supera holgadamente el promedio regional y alcanza alrededor del 4,7% del PBI en términos de primas, mientras que las inversiones de las aseguradoras representan aproximadamente el 22% del PBI.
El mercado cuenta con unas 64 compañías de seguros (incluyendo al 80% de las principales aseguradoras internacionales) para una población cercana a los 20 millones de habitantes. La mitad de las entidades son de capitales extranjeros y la otra mitad, locales. A su vez, el 50% opera en Seguros Generales y el 50% restante en Vida.
Sin embargo, ese desarrollo general convive con diferencias importantes cuando se analizan segmentos específicos. “Es un mercado que goza de buena salud, es muy competitivo, aunque esconde detrás brechas de protección importantes cuando miras segmentos o productos específicos”, sostuvo Marcelo Mosso, director ejecutivo de la Asociación de Aseguradores de Chile (AACH).
Previsión y longevidad, dos desafíos centrales
Dentro del mercado chileno, los seguros previsionales tienen un peso significativo. En un largo mano a mano con 100% SEGURO desde sus oficinas en Santiago de Chile, Mosso identificó tres grandes productos: las rentas vitalicias, el Seguro de Invalidez y Sobrevivencia (SIS) y los mecanismos de ahorro previsional voluntario. En conjunto, representan cerca del 50% del mercado total, según explicó.
En el caso de las rentas vitalicias, alrededor de 7 de cada 10 personas que se jubilan en Chile optan por esta modalidad. También destacó el rol del SIS, de carácter obligatorio para quienes están afiliados a las AFP, frente a situaciones de invalidez o fallecimiento durante la etapa laboral.
El peso de estos productos adquiere mayor relevancia frente al rápido envejecimiento de la población. Mosso remarcó que Chile está atravesando una transformación demográfica particularmente acelerada: la tasa global de fecundidad se ubica en torno a 1 hijo por mujer (una de las más bajas del mundo, según cifras del INE) y, de acuerdo con las proyecciones de Naciones Unidas, el país será en 2100 el sexto con mayor población de más de 65 años. A esto se suma el aumento de la expectativa de vida: hasta el año pasado había en Chile unas 1.500 personas mayores de 100 años.
En este escenario, consideró que “el sistema previsional chileno cuenta con una fortaleza importante por haber previsto mecanismos de ahorro a largo plazo” y valoró la reforma aprobada recientemente, orientada a incrementar esos ahorros para las futuras generaciones.
Salud: el desafío de pasar de curar a prevenir
El otro gran desafío que identificó es el sistema de salud. Aunque lo calificó como “muy bueno”, planteó que está demasiado enfocado en la medicina curativa y no en la preventiva.
La presión aumenta, además, por el envejecimiento y por el mayor costo de los tratamientos. “Las enfermedades crónicas como el cáncer requieren tratamientos durante muchos años y los avances tecnológicos también implican mayores costos para el sistema”, advirtió.
En este contexto, destacó el desarrollo de los seguros complementarios de salud, que funcionan por encima de la cobertura de la seguridad social, y que en Chile ya cubren alrededor de 9 millones de personas.
Para Mosso, la industria tiene allí una oportunidad para avanzar hacia productos que incentiven la prevención. “Ese es el desafío detrás, y a la industria todavía le falta un paso más que dar en términos de prevención”, planteó. Entre las alternativas mencionó coberturas que premien, por ejemplo, la realización de controles y exámenes periódicos.
La brecha de protección frente a catástrofes
Los riesgos catastróficos representan otro de los grandes espacios de cobertura pendiente. En el caso de las viviendas financiadas mediante créditos hipotecarios, existe la obligación de contar con seguros frente a incendios, terremotos, maremotos y otros daños de la naturaleza.
Fuera de ese universo, sin embargo, la cobertura es considerablemente menor. “Nosotros estimamos que es alrededor de un 20% a un 30% la cobertura que existe”, señaló. Es decir, una vez cancelado el crédito hipotecario, solo aproximadamente el 20% de las viviendas tendría seguro.
El dato adquiere especial relevancia en un país expuesto a terremotos y otros fenómenos naturales. Recordemos que Chile registra alrededor de 200 sismos diarios, entre perceptibles e imperceptibles, y que históricamente ha sufrido terremotos de gran magnitud.
Frente a esta brecha, la Asociación de Aseguradores de Chile (AACH) trabaja en distintos frentes. Uno de ellos es la educación de la población, especialmente frente a eventos que pueden anticiparse, como determinados fenómenos climáticos. Otro es el desarrollo de productos junto con la Cámara Chilena de la Construcción y el análisis de alternativas como seguros obligatorios o mínimos.
Mosso también puso el foco en la infraestructura crítica, que, según afirmó, actualmente no está asegurada. A su entender, el Estado suele reaccionar ante las catástrofes una vez que ocurren, en lugar de contar previamente con mecanismos de protección financiera.
En ese sentido, recordó que Chile cuenta con un bono catastrófico de US$630 millones aunque ese monto resulta bajo frente a la magnitud de los daños potenciales. “La industria aseguradora, por su parte, puede aportar nuevas alternativas, entre ellas los seguros paramétricos, cuya normativa se encuentra en implementación”, agregó.
Tecnología y el avance de las finanzas abiertas
Para el ejecutivo, la incorporación de nuevas tecnologías puede contribuir a reducir la brecha de protección, aunque no necesariamente mediante una transformación total del mercado. Recordó el antecedente de la bancaseguros, que permitió acercar productos de menor tamaño y comercialización más rápida a segmentos que antes no estaban cubiertos. En su opinión, algo similar puede ocurrir con el desarrollo de fintech, insurtech y nuevas tecnologías. “No es que vaya a cambiar el mercado completamente, pero lo que va a producir es que, finalmente, vamos a tener un segmento importante y una población a la cual no accedíamos, a la que vamos a poder llegar”, explicó.
En ese proceso, uno de los puntos centrales será el desarrollo del Sistema de Finanzas Abiertas (SFA), sobre el cual considera que “todavía existen aspectos que deben mejorarse, especialmente en relación con el acceso y uso de los datos”.
Uno de los casos de uso que planteó es el de seguros ofrecidos en el momento preciso en que aparece una necesidad: por ejemplo, una cobertura de viaje cuando una persona está por tomar un avión. Pero para que una aseguradora pueda ofrecer ese producto, necesita saber que la persona efectivamente está viajando. En ese punto aparece la discusión sobre la reciprocidad en el acceso a los datos, ya que, según planteó, los medios de pago pueden disponer de información relevante para generar esas ofertas mientras también solicitan acceso a información de las aseguradoras.
A esto se suma el desafío de compatibilizar el nuevo esquema de finanzas abiertas con la legislación de protección de datos personales y con las distintas autoridades que regulan estos ámbitos, incluyendo la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) y la futura agencia de protección de datos, además de la autoridad en materia de ciberseguridad.
Una reforma regulatoria pendiente desde hace 15 años
Entre las prioridades de política pública de la AACH, Mosso destacó especialmente la supervisión y el capital basado en riesgos, una iniciativa que lleva 15 años en tramitación en el Congreso chileno.
El proyecto busca incorporar a Chile un régimen de solvencia basado en riesgo, equivalente al modelo de Solvencia II europeo. Uno de sus principales efectos sería flexibilizar el régimen de inversiones que actualmente establece la ley.
Según explicó, hoy las aseguradoras tienen límites establecidos legalmente para determinados tipos de activos, mientras que el nuevo esquema permitiría mayor libertad de inversión, pero acompañada de mayores exigencias de capital de acuerdo con el riesgo asumido. “Esa libertad viene acompañada de un capital que se exige en función del riesgo que estás tomando”, resumió.
Para la industria, avanzar en este cambio permitiría optimizar los portafolios de inversión y mejorar la competitividad de las compañías, al eliminar restricciones que actualmente pueden llevarlas a operar con carteras que no necesariamente son óptimas.
Otra prioridad es el Seguro de Invalidez y Sobrevivencia (SIS), sobre el cual Mosso planteó la necesidad de revisar su diseño para asegurar la sostenibilidad del sistema en el largo plazo.
Según explicó, actualmente el seguro contempla una tasa de reemplazo del 70% del ingreso promedio de los últimos 10 años de por vida en caso de invalidez total, lo que genera incentivos relevantes. La propuesta de la Asociación es homologar el SIS con el modelo de la Ley de Accidentes del Trabajo, donde la prestación se entrega hasta la edad de jubilación y luego la persona accede a su pensión de vejez en los mismos términos que cualquier trabajador. La idea, subrayó, no es reducir la protección de quienes hoy enfrentan una invalidez, sino asegurar que el sistema pueda seguir cumpliendo su rol para las próximas generaciones.
Mosso sostuvo que ese cambio permitiría reducir el costo del seguro. Alternativamente, si el Gobierno decidiera mantener el mismo nivel de contribución de los empleadores, esos recursos podrían destinarse a las cuentas de ahorro individual, lo que implicaría un aumento de entre 5% y 7% en las pensiones. Vale destacar que el SIS es financiado por aproximadamente 6,5 millones de personas y beneficia a unas 20.000 personas al año.
Un mercado con oportunidades de crecimiento
Al hacer un balance final, para Mosso una buena parte de los problemas que enfrenta Chile abren espacios para que la industria aseguradora amplíe su participación. “Todo lo que se ve como desafío, en realidad son oportunidades”, afirmó.
Entre ellas ubicó nuevamente a la salud, donde considera que existe espacio para desarrollar productos que complementen las necesidades del país, y al mundo previsional, donde espera que continúe teniendo un rol relevante el modelo de ahorro.
A esto sumó el desarrollo tecnológico, que, en su visión, puede contribuir a construir una industria más simple y comprensible y alcanzar a segmentos que actualmente permanecen fuera del mercado.
“Yo veo una situación muy positiva para efectos del desarrollo del mercado”, concluyó, remarcando que “la industria aseguradora tiene un rol crucial frente a las brechas actuales y los desafíos futuros de Chile”.









