ENTREVISTA 100% SEGURO.- Nacida en Chile en 2020, en la antesala de la pandemia, FID Seguros logró construir en pocos años una propuesta diferencial dentro del mercado: una aseguradora nativa digital que utiliza la tecnología para potenciar —y no reemplazar— a los corredores de seguros. Con una red que ya supera los 1.400 intermediarios y una participación cercana al 4,2% del mercado de seguros generales, la compañía se prepara ahora para dar su próximo gran paso: desembarcar en otro país de la región para replicar allí un modelo basado en cercanía, datos y distribución profesional.
Sobre este proceso conversamos con Benjamín Lea-Plaza, gerente general de FID Seguros e integrante del directorio de InsurteChile, en el marco de Evolución Insurtech Latam 2026. Durante la entrevista, el ejecutivo analizó la actualidad del mercado asegurador chileno, repasó los orígenes y la evolución de la compañía, explicó por qué eligieron desarrollar una operación digital sin venta directa y anticipó los principales desafíos de su expansión regional.
El sueño de siete ejecutivos
La historia de FID Seguros comenzó antes de su lanzamiento formal. La compañía fue fundada por siete ejecutivos que habían trabajado juntos durante varios años, primero en una empresa local y luego en una multinacional que adquirió esa operación.
“En 2017 tomamos la decisión de salirnos y empezamos a construir la compañía de nuestros sueños”, recordó Lea-Plaza.
El proyecto requería capital externo. La idea era conseguir un inversor dispuesto a acompañar una nueva aseguradora, con una estructura tecnológica moderna y una estrategia diferente.
Finalmente, un empresario que años antes había evaluado adquirir la compañía donde trabajaban los fundadores decidió apostar por el proyecto. Aportó el capital necesario y permitió iniciar el proceso de configuración de sistemas y obtención de las autorizaciones regulatorias.
Así, FID comenzó a operar en 2020, apenas dos meses antes de la irrupción de la pandemia. Desde el inicio, el proyecto tuvo una definición clara: construir una aseguradora nativa digital que utilizara la tecnología para potenciar a los corredores, en lugar de reemplazarlos mediante una estrategia de venta directa.
“La mayor parte de las compañías tecnológicas y las insurtech siempre están enfocadas en la venta directa al cliente. Nosotros veíamos que seguía existiendo un espacio muy importante para el distribuidor”, afirmó.
Tecnología para empoderar al corredor
El modelo de FID parte de una convicción sobre el valor del asesoramiento profesional. Para Lea-Plaza, el seguro muestra su verdadera importancia cuando el asegurado atraviesa una situación de vulnerabilidad, después de un accidente o una pérdida significativa.
En ese momento, considera indispensable contar con una persona que pueda escuchar, orientar y acompañar al cliente.
“Nosotros siempre dijimos que los corredores tienen un rol. El esfuerzo fue empoderar a ese corredor, sobre todo al corredor pequeño”, explicó.
Los fundadores observaban que los canales bancarios y los grandes intermediarios disponían de herramientas tecnológicas difíciles de alcanzar para los corredores de menor tamaño, a pesar de que estos contaban con relaciones más cercanas y carteras construidas sobre la confianza. La respuesta fue crear una plataforma que les permitiera competir con productos, condiciones, formas de pago y herramientas similares a las de los grandes jugadores.
Por eso, destacó, “la idea siempre fue dotar al corredor de todas las herramientas digitales necesarias para que pudiera darle la mejor experiencia a su cliente”.
Un crecimiento que superó las proyecciones
Los primeros meses fueron especialmente complejos. La pandemia obligó a cerrar las oficinas y a sostener la relación con los corredores mediante llamadas, correos electrónicos y videoconferencias. Al comienzo, las ventas apenas alcanzaban el 50% de los objetivos. Sin embargo, alrededor del séptimo mes se produjo un cambio abrupto.
“De repente llegamos al 100% de nuestros objetivos, después al 130% y al 200%. Se empezó a disparar de una manera impresionante”, relató Lea-Plaza.
FID alcanzó en su primer año el 1% del mercado chileno de seguros generales. Seis años después, su participación se ubica alrededor del 4,2%.
La compañía desarrolló además una cartera diversificada. Incendio habitacional y comercial, Terremoto y Automóviles representan cerca del 80%, a lo que se suman líneas financieras, ingeniería y grandes riesgos. La estrategia busca ser multiproducto y multicanal, para cubrir las distintas necesidades de los corredores.
Una compañía digital, sin venta directa
A pesar de su origen tecnológico, FID no comercializa seguros de manera directa al consumidor. Su estrategia se desarrolla exclusivamente a través de intermediarios: grandes corredores, corredores medianos y pequeños, canales de bancaseguros y acuerdos transaccionales. También participa en grandes cuentas y proyectos vinculados con generación de energía fotovoltaica y eólica.
Uno de los principales diferenciales de la compañía está en el modelamiento predictivo. Lea-Plaza recordó que sus fundadores trabajaban con estas herramientas desde comienzos de la década de 2000, mucho antes de que la inteligencia artificial se convirtiera en un tema central para la industria.
“Una de nuestras fortalezas es todo el modelamiento. Nosotros comenzamos con el modelamiento predictivo en 2003. Hoy eso se llama inteligencia artificial”, señaló, remarcando que la tecnología es uno de los pilares de FID, aunque no busca sustituir el vínculo humano.
“Los dos remos de este bote son, por un lado, la cercanía y el contacto humano y, por otro, la tecnología”, definió Lea-Plaza.
En su visión, la digitalización debe liberar tiempo para que las personas puedan concentrarse en los problemas que requieren criterio, experiencia y capacidad de resolución.
La compañía desarrolló además mecanismos para que los casos que no pueden resolverse automáticamente sean derivados de manera inmediata a la persona adecuada. Este esquema le permitió ganar agilidad y, al mismo tiempo, conservar una atención cercana con los corredores.
De 80 a 1.400 corredores
La evolución de la red comercial refleja la aceptación del modelo. La aseguradora comenzó operando con entre 80 y 90 corredores, muchos de ellos vinculados personalmente con los fundadores. Con el paso del tiempo, el crecimiento se produjo principalmente mediante recomendaciones y vínculos dentro del propio mercado.
Actualmente, alrededor de 1.400 corredores trabajan con la compañía. FID utiliza además herramientas de datos para conocer el perfil de cada intermediario y las características de su cartera, con el objetivo de ofrecer soluciones adaptadas a sus necesidades.
La tecnología permite escalar la operación, mientras que la cercanía continúa siendo el principal diferencial del vínculo comercial.
Brasil, el próximo desafío
Consolidada en Chile, FID ya trabaja en su siguiente etapa: exportar su modelo a Brasil. Hace poco más de un año, el directorio planteó la necesidad de analizar dónde podía replicarse una compañía cuyos sistemas funcionan íntegramente en la nube y cuya operación fue concebida desde el comienzo para ser escalable.
“Empezamos a ver qué oportunidades teníamos y descubrimos una oportunidad interesante en Brasil. Estamos embarcados en eso con mucha ilusión”, anticipó Lea-Plaza.
El ejecutivo reveló que la iniciativa ya cuenta con un socio local relevante, interesado en trasladar al mercado brasileño la experiencia desarrollada en Chile. El modelo que FID busca exportar combina una operación nativa digital, herramientas de análisis predictivo y una estrategia comercial 100% intermediada.
Reaseguro, tasas e inversión
Para cerrar la charla, el ejecutivo analizó la actualidad del mercado chileno, poniendo el foco en los cambios registrados en los costos internacionales del reaseguro.
Después de la pandemia se produjo un ciclo de fuertes incrementos, especialmente en seguros patrimoniales. Según explicó, el aumento de las tasas de interés también impactó sobre el financiamiento de las capacidades internacionales y endureció el mercado.
Posteriormente, ese proceso comenzó a revertirse. La caída de las tasas estuvo acompañada por una reducción en los costos del reaseguro y por contratos catastróficos con descuentos cercanos al 15% durante los últimos dos años y medio.
Sin embargo, advirtió que esta baja no necesariamente representa una ventaja automática para las aseguradoras. “Está impactando negativamente porque, al bajar todos los precios, genera una presión muy fuerte sobre los gastos, las utilidades y los distribuidores. Hay menos para repartir”, sostuvo.
En ese escenario, el crecimiento debería provenir de una ampliación de la cantidad de riesgos asegurados y no solamente de la evolución de los precios. La expectativa está puesta en que una reducción de las tasas impulse nuevamente la inversión y, con ella, coberturas vinculadas a ingeniería, construcción, equipos móviles y responsabilidad civil.
No obstante, remarcó que existe un desfase entre las variables financieras y la economía real. Los mercados reaccionan rápidamente, mientras que los proyectos de inversión necesitan más tiempo y suelen enfrentar obstáculos regulatorios, ambientales o judiciales.
Además, el contexto actual presenta una complejidad mayor que décadas atrás, debido a la incidencia de factores ambientales, grupos de interés y procesos regulatorios y judiciales sobre los grandes proyectos de inversión. En el caso chileno, mencionó la aprobación de numerosos proyectos que luego enfrentaron trabas judiciales, aunque también destacó la aprobación de un proyecto de ley de reconstrucción con beneficios tributarios e incentivos a la inversión. “Estas medidas podrían generar un impacto positivo para la segunda mitad del próximo año”, cerró con optimismo, con un ojo en su país y el otro mirando hacia el nuevo destino donde buscan escalar.









