La facturación, la actividad económica y el país donde opera una empresa continúan siendo factores relevantes para la suscripción de pólizas de ciberriesgos. Sin embargo, estos datos pueden resultar insuficientes para explicar la dimensión real de la exposición digital de una organización.
Esa es una de las principales conclusiones del informe “Beyond Revenue: Why Digital Footprints Matter for Cyber Underwriting”, elaborado por el broker de reaseguros Gallagher Re, en colaboración con KYND, compañía británica especializada en el análisis de riesgos cibernéticos para el sector asegurador.
El estudio analiza si la información vinculada con la huella digital corporativa puede contribuir a mejorar la evaluación de la frecuencia potencial de siniestros cibernéticos. Para ello, combina datos de siniestralidad y variables firmográficas de Gallagher Re con observaciones tecnográficas externas de KYND sobre más de 63.000 organizaciones aseguradas.
El resultado plantea una evolución en la manera de analizar el riesgo cibernético: además de conocer cuánto factura una empresa, a qué industria pertenece o en qué país opera, las aseguradoras necesitan comprender cómo está construida su presencia digital, qué tan extensa es y cuántas interdependencias tecnológicas presenta.
Una nueva mirada sobre el objeto asegurado
Tradicionalmente, la suscripción de ciberriesgos se apoyó en indicadores como los ingresos, el sector de actividad, la ubicación geográfica y determinadas señales de seguridad, entre ellas las vulnerabilidades conocidas, los puertos abiertos, las credenciales expuestas o las configuraciones deficientes. El informe de Gallagher Re y KYND sostiene que esos elementos siguen siendo importantes, pero no describen por completo la escala, la complejidad ni la estructura de la presencia digital externa de una organización.
En este sentido, la huella digital ofrece una perspectiva complementaria. Incluye, entre otras variables, la cantidad de direcciones IP asociadas con una empresa, el número de proveedores de servicios de Internet utilizados, la diversidad de proveedores de correo electrónico, los servicios expuestos a Internet, los dominios y las regiones de proveedores de servicios en la nube.
Estas características permiten aproximarse a la dimensión del “patrimonio digital” que las compañías deben proteger. Cuanto más distribuida y compleja es esa presencia externa, mayores pueden ser los desafíos para mantener controles consistentes, actualizar sistemas, aplicar parches y sostener configuraciones de seguridad homogéneas. Por lo tanto, el análisis no se limita a identificar una vulnerabilidad puntual, sino que busca comprender el tamaño y la complejidad de la superficie de ataque.
La huella digital corporativa aporta información adicional
Una de las conclusiones centrales del estudio es que las observaciones tecnográficas externas de KYND demostraron tener valor explicativo para analizar la frecuencia de reclamaciones.
En particular, las variables asociadas con la escala y la complejidad de la huella digital aportaron información adicional a la proporcionada por los ingresos, la industria y el país. Entre ellas se destacan la diversidad de proveedores de Internet, la cantidad de proveedores de correo electrónico, los servicios expuestos y el volumen de direcciones IP.
El informe aclara que cada indicador puede tener una contribución limitada cuando se lo analiza de manera aislada. Sin embargo, considerados en conjunto, estos factores permiten explicar diferencias en la frecuencia de siniestros que no quedan completamente reflejadas en los datos firmográficos tradicionales.
La relevancia de esta conclusión está en que la huella digital no equivale necesariamente al tamaño económico de una compañía. Una empresa con ingresos elevados no siempre posee la mayor cantidad de activos digitales expuestos, mientras que una organización más pequeña puede presentar una infraestructura tecnológica amplia, distribuida o dependiente de múltiples proveedores.
El tamaño económico no siempre refleja la exposición digital
El análisis de Gallagher Re y KYND encontró una correlación limitada entre los ingresos de una empresa y la cantidad de direcciones IP que componen su huella digital.
Si bien las organizaciones más grandes pueden presentar, en promedio, una presencia digital más extensa, el informe observa que para la mayoría de las compañías no existe una relación directa y proporcional entre facturación y cantidad de direcciones IP. Esta diferencia es importante para la suscripción. Los ingresos reflejan la dimensión económica de una empresa, pero no necesariamente permiten conocer cuántos sistemas, dominios, servicios, aplicaciones y conexiones externas forman parte de su operación.
En consecuencia, dos organizaciones con niveles de facturación similares pueden presentar perfiles de exposición cibernética muy diferentes. Una puede contar con una infraestructura digital relativamente concentrada y sencilla, mientras que la otra puede operar con múltiples proveedores, servicios en la nube, plataformas externas y activos distribuidos en distintas regiones.
Para las aseguradoras, incorporar esta información puede ayudar a evitar segmentaciones demasiado generales y favorecer una evaluación más ajustada a la exposición efectiva de cada asegurado.
La diversidad de proveedores de Internet, una señal relevante
Entre los hallazgos del informe, uno de los más destacados está relacionado con la cantidad de proveedores de servicios de Internet utilizados por una organización. El estudio identifica una relación positiva entre la diversidad de proveedores de Internet y la probabilidad de sufrir un siniestro: a medida que aumenta el número de proveedores distintos, también crece la frecuencia esperada de reclamaciones.
Esta relación aparece en empresas de diferentes niveles de ingresos, lo que sugiere que el indicador no representa simplemente una consecuencia del tamaño económico. Por el contrario, la cantidad de proveedores de Internet puede funcionar como una señal tecnográfica propia y aportar información sobre la distribución geográfica, la complejidad operativa o la extensión de la infraestructura digital de una compañía.
Una presencia conectada a múltiples proveedores puede responder a necesidades de redundancia, expansión internacional, integración de unidades de negocio o utilización de diferentes servicios tecnológicos. Pero también puede generar más puntos de exposición y mayores dificultades para aplicar políticas de seguridad consistentes en todo el entorno.
El informe no plantea que la diversidad de proveedores sea, por sí sola, una causa directa de siniestros. La presenta como un indicador que, combinado con otras variables, puede ayudar a identificar diferencias relevantes entre riesgos aparentemente similares.
Los segmentos de mayor riesgo muestran diferencias significativas
El modelo desarrollado a partir de los datos de KYND permitió identificar, utilizando únicamente información tecnográfica, al 20% de las organizaciones con mayor riesgo dentro de la cartera analizada. Ese grupo mostró una probabilidad de sufrir un siniestro 2,1 veces superior al promedio de las 63.000 organizaciones incluidas en el estudio.
Además, las empresas ubicadas en el segmento de mayor riesgo presentaron una probabilidad de reclamación hasta seis veces superior a la de aquellas situadas en el tramo de menor riesgo. Estos resultados refuerzan la hipótesis de que la huella digital puede contribuir a diferenciar riesgos que podrían parecer equivalentes cuando se observan únicamente variables como ingresos, industria y país.
No obstante, Gallagher Re y KYND advierten que los resultados deben interpretarse con cautela. El estudio se basa en una cartera de referencia diseñada para representar una muestra transversal de sectores e ingresos y refleja una visión general del mercado asegurador. Por ese motivo, sus conclusiones deben utilizarse como un insumo adicional para el criterio de suscripción, y no como un predictor independiente o automático del resultado de futuras reclamaciones.
Del cuestionario tradicional a una evaluación más basada en datos
La incorporación de información tecnográfica externa también puede modificar la experiencia de suscripción para aseguradoras, brokers y asegurados.
En los procesos tradicionales, las compañías suelen depender de cuestionarios extensos, declaraciones del asegurado, revisiones manuales y documentación técnica que puede requerir tiempo y presentar distintos niveles de profundidad o consistencia. El uso de datos observables desde el exterior permite sumar una perspectiva “outside-in” sobre el entorno digital de una organización. Esto no elimina la necesidad de los cuestionarios ni reemplaza el diálogo con el asegurado, pero puede ayudar a orientar las preguntas, identificar casos que requieren una revisión más detallada y reducir tareas repetitivas.
Para las aseguradoras, esta información puede utilizarse en diferentes etapas del proceso: selección inicial, segmentación de carteras, priorización de revisiones, definición de condiciones, análisis de precios y seguimiento de riesgos. La ventaja potencial consiste en aplicar una evaluación más consistente y escalable, especialmente en segmentos de mayor volumen, sin perder profundidad técnica.
Implicancias para brokers y aseguradoras
La evolución hacia una suscripción más apoyada en datos tecnográficos también genera nuevas exigencias para la intermediación. Para los brokers, conocer la huella digital de sus clientes puede mejorar la preparación de las presentaciones de riesgo y permitir una conversación más precisa con las compañías aseguradoras. La información sobre proveedores, servicios expuestos, infraestructura y complejidad tecnológica puede complementar los datos financieros y operativos que tradicionalmente se incluyen en una solicitud de cobertura.
Esta mirada también puede ayudar a explicar por qué dos empresas con una facturación o actividad similar reciben condiciones diferentes. La diferencia puede estar relacionada con la extensión de sus activos digitales, la cantidad de dependencias externas o la complejidad de su arquitectura tecnológica.
Para las aseguradoras, en tanto, la combinación de datos firmográficos y tecnográficos puede contribuir a una segmentación más refinada y a una tarificación más alineada con la exposición real. También puede ayudar a detectar riesgos que requieren controles adicionales o una evaluación especializada antes de avanzar con la cobertura.
En todos los casos, el informe destaca que la información debe integrarse con la experiencia de suscripción, los antecedentes de siniestralidad y el conocimiento específico de cada cartera.
Una herramienta complementaria, no un reemplazo del criterio técnico
Gallagher Re y KYND subrayan que la huella digital corporativa no debe utilizarse como una herramienta autónoma para determinar si una empresa tendrá o no un siniestro. El valor del enfoque está en aportar una dimensión adicional al análisis. Los ingresos, el sector y el país siguen siendo factores importantes, al igual que la experiencia histórica de reclamaciones y los indicadores tradicionales de seguridad.
La información tecnográfica permite ampliar ese conjunto de variables con datos sobre la presencia digital observable de una organización. Su utilidad aumenta cuando se la analiza de manera integrada y se identifican aquellos indicadores que realmente agregan valor para una cartera determinada.
Esta precisión resulta especialmente importante porque una huella digital extensa no implica necesariamente una mala postura de seguridad. Una organización puede tener una infraestructura compleja y, al mismo tiempo, contar con controles sólidos, equipos especializados y procesos de gestión maduros. Del mismo modo, una huella relativamente pequeña puede esconder vulnerabilidades críticas o dependencias relevantes. Por eso, el informe propone utilizar estos datos para mejorar el criterio de suscripción, no para sustituirlo.
La huella digital corporativa como nuevo factor del ciberseguro
El estudio de Gallagher Re y KYND muestra que el mercado de ciberseguros está avanzando hacia modelos de evaluación más centrados en datos observables y en la exposición efectiva de cada organización.
En este escenario, la huella digital corporativa comienza a adquirir un papel similar al que tienen otras variables utilizadas históricamente por el seguro para dimensionar el objeto asegurado y valorar sus riesgos. No se trata solamente de conocer la actividad o el volumen económico de una empresa, sino también de comprender qué activos digitales posee, cómo están conectados y qué tan compleja es su superficie de exposición. La tendencia puede contribuir a mejorar la selección de riesgos, reducir fricciones en la suscripción, orientar revisiones más específicas y favorecer una mayor correspondencia entre la cobertura contratada y el riesgo asumido.
La conclusión central del informe es que la facturación explica una parte del riesgo, pero la huella digital ayuda a mostrar otra parte que hasta ahora podía permanecer menos visible. En un entorno donde las organizaciones amplían continuamente el uso de servicios en la nube, plataformas digitales, proveedores externos y sistemas conectados, comprender la estructura de esa presencia tecnológica se vuelve cada vez más importante para construir una evaluación de ciberriesgos más precisa, consistente y alineada con la realidad operativa de cada empresa.









