Por Alejandro Canale Becker.-
No existen en la historia destinos que inexorablemente deban cumplirse. Los argentinos sabemos —y mucho— de esto. No obstante, de tanto en tanto surgen oportunidades que no necesariamente se repiten.
La salida de un esquema de alta inflación se viene consolidando en Argentina desde, al menos, abril de 2024. Sin dudas, la baja de la inflación otorga mayor previsibilidad a los negocios. Este escenario resulta sumamente auspicioso para la economía en general y, en particular, para la industria aseguradora.
Esto contribuye al necesario e indispensable mejoramiento de los resultados técnicos de las compañías, restando importancia al ajuste por inflación, que desnaturaliza la esencia de la actividad aseguradora y devuelve al negocio a su cauce natural. El resultado técnico, como en cualquier actividad —pero especialmente en el seguro— debe ser siempre el motor del negocio.
En el marco regulatorio, se están analizando propuestas de cambios normativos que buscan desburocratizar y modernizar la operatoria del sector, dotándolo de herramientas más acordes a los tiempos actuales. Sin dudas, hay aspectos que funcionan correctamente y otros que ya se encuentran contemplados en el Código Civil y Comercial. Sin embargo, las leyes del sistema asegurador tienen más de 50 años. En ese tiempo, el mundo cambió: surgieron riesgos antes desconocidos, las formas de contratación evolucionaron en la práctica y la incorporación de normas ajenas a la actividad no hizo más que distorsionar el sistema en su conjunto, afectando incluso la voluntad de las partes, que debe primar en este tipo de contratos.
El entorno global es sumamente convulsionado: conflictos bélicos en Europa y Medio Oriente, catástrofes naturales cada vez más frecuentes, crisis demográficas con envejecimiento poblacional —especialmente en Europa— y un exceso de liquidez sostenido desde hace al menos una década. Este contexto vuelve la mirada hacia Latinoamérica, ya no como un mercado marginal, sino como una oportunidad concreta de inversión para canalizar ese exceso de liquidez. En general, la región no sufre con la misma intensidad los fenómenos antes mencionados.
En este escenario, Argentina se encuentra en una posición privilegiada. Cuenta con cuatro de los recursos más demandados a nivel global: recursos agropecuarios, recursos minerales (aún poco explotados), recursos gasíferos y petroleros, y el ecosistema vinculado a la economía del conocimiento.
Las inversiones actuales y futuras requerirán no solo financiamiento, sino también del respaldo de la industria aseguradora y reaseguradora, con un rol clave.
El impacto de estas inversiones se reflejará en seguros vinculados a logística, transporte, todo riesgo operativo, todo riesgo construcción y caución, principalmente.
Asimismo, se espera crecimiento en el ramo agro. En un contexto de creciente demanda mundial de alimentos y con un incremento del 36% en pérdidas globales por desastres naturales, el desarrollo de modelos de suscripción basados en inteligencia artificial para riesgos climáticos locales será fundamental. Allí se presentan grandes oportunidades para el negocio asegurador y reasegurador.
También es deseable un mayor desarrollo de los seguros de vida y ahorro. La estabilidad económica puede ser un punto de partida clave. En un contexto de crisis de los sistemas jubilatorios a nivel global —impulsada, entre otros factores, por la baja tasa de natalidad— y con una alta informalidad laboral en Argentina, estos productos tienen un importante potencial de crecimiento.
La irrupción de la inteligencia artificial generará nuevas oportunidades de negocio, especialmente en el cruce con fintech e insurtech, con impacto directo en los riesgos asociados a ciberseguros.
A su vez, la expansión de la economía colaborativa y las aplicaciones digitales abrirá nuevas oportunidades, particularmente en el segmento de microseguros, aún poco desarrollado en el país.
La baja de la inflación debería traducirse en una reducción de las tasas de interés. En el ramo de riesgos del trabajo, sin embargo, persiste un escenario de incertidumbre, y no se vislumbra una mejora significativa en los niveles de siniestralidad en el corto plazo.
Argentina tiene una oportunidad real de crecimiento económico. La industria del seguro debe estar a la altura para alcanzar una mayor centralidad y lograr que su participación en el PBI la posicione como un actor clave, al nivel de las economías más desarrolladas.
Para ello, será necesario invertir en la capacitación profesional, incorporar nuevas reglas, adoptar tecnologías modernas, impulsar reformas legislativas, construir nuevos paradigmas que respeten la voluntad de las partes como eje del contrato de seguro y fortalecer la supervisión, sin perder de vista el corazón del sistema: la persona.
El fin último de toda industria —y el seguro no es la excepción— es el ser humano. La protección de sus bienes, su patrimonio, su familia y su bienestar seguirá siendo siempre el origen y el núcleo del sistema.









