La Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN) difundió los resultados de la “Encuesta de Seguros Agropecuarios y Forestales” correspondiente al ejercicio 2024-2025, un relevamiento que permite tomarle el pulso a un segmento chico en volumen dentro del mercado asegurador, pero estratégico por su vínculo directo con el corazón productivo del país.
La foto que deja el informe es clara y, a la vez, compleja: el negocio atravesó una fuerte caída en términos reales, con menor nivel de actividad, pero logró mejorar sus indicadores técnicos luego de un ejercicio previo particularmente exigente. En el medio, aparecen señales estructurales que vuelven a repetirse año tras año y que siguen marcando los límites del desarrollo del seguro agropecuario en la Argentina.
Durante el ejercicio 2024-2025, el ramo representó el 2,0% de la producción total del mercado asegurador, con una concentración casi absoluta en el segmento agrícola (granizo y granizo con adicionales). En total, 36 entidades participaron del negocio, se emitieron más de 175 mil pólizas y se aseguraron cerca de 18 millones de hectáreas, con un capital cubierto que superó los 12 billones de pesos. Se trata, en definitiva, de un mercado acotado en escala, pero profundamente conectado con la evolución del agro y, por extensión, de la economía en su conjunto.
El dato más contundente del informe aparece en la evolución de la producción. Las primas emitidas alcanzaron los $374.987 millones, lo que implica una caída real del 24,5% respecto del ejercicio anterior. No se trata de un movimiento menor: es una contracción fuerte que refleja un menor nivel de actividad, explicado en buena medida por la reducción de la superficie asegurada —que cayó a 17,9 millones de hectáreas— y por el impacto de variables externas que siempre condicionan este negocio, como el clima, los precios agrícolas y el acceso al financiamiento.
Ese menor volumen también se observa cuando se analiza la evolución de los últimos años. El seguro agropecuario muestra una volatilidad marcada, con picos y caídas que responden más a factores exógenos que a dinámicas propias del mercado asegurador. En ese sentido, el informe vuelve a confirmar una característica estructural: es un ramo altamente dependiente del contexto.
Ahora bien, en paralelo a esa caída en la producción, el ejercicio 2024-2025 mostró una mejora significativa en los indicadores técnicos. Los siniestros pagados totalizaron $284.659 millones, con una baja relevante frente al año anterior, lo que permitió reducir la siniestralidad al 72,9%. El dato no es menor: implica una caída de alrededor de 16 puntos porcentuales respecto de 2024, un año que había estado particularmente tensionado por eventos adversos.
Esa mejora impacta directamente en el índice combinado, que se ubicó en 110,6%. Si bien sigue por encima del umbral de equilibrio técnico, muestra una recuperación respecto del ejercicio previo. En otras palabras, el negocio mejora, pero todavía no alcanza para revertir el resultado técnico negativo. A esto se suma un nivel de gastos que se mantiene estable —en torno al 18,5%— y un alto grado de cesión al reaseguro, que supera el 50% de la producción.
Este último punto es clave para entender la lógica del ramo. Más de la mitad del riesgo es transferido a reaseguradores, lo que refleja tanto la volatilidad del negocio como la necesidad de respaldo internacional para sostener su operatoria.
Desde el punto de vista de las coberturas, el mercado sigue mostrando una fuerte concentración en productos tradicionales. El granizo continúa siendo el principal driver del negocio, con cerca del 59% de las primas, seguido por el granizo con adicionales, que explica otro 40%. El multirriesgo, en tanto, sigue teniendo una participación marginal.
Sin embargo, al analizar los siniestros, aparece un dato interesante: las coberturas con adicionales concentran una mayor proporción de los pagos, lo que sugiere una mayor exposición o una utilización más intensiva de estos productos más completos. Es un indicio de cómo va evolucionando la cobertura, aunque todavía lejos de un cambio estructural en la oferta.
Algo similar ocurre cuando se observa la composición por cultivos. El seguro agrícola está prácticamente concentrado en cultivos anuales, que representan el 99,65% de las primas. Dentro de ese universo, las oleaginosas —con la soja a la cabeza— explican casi dos tercios del negocio, seguidas por los cereales. Los cultivos perennes, en cambio, tienen una participación marginal, lo que vuelve a poner sobre la mesa la baja penetración del seguro en economías regionales.
La geografía del negocio también muestra una fuerte concentración. Córdoba y Buenos Aires explican, cada una, más de un tercio de la producción, mientras que Santa Fe completa el podio con cerca del 14%. Entre las tres jurisdicciones concentran cerca del 90% del mercado. Sin embargo, Buenos Aires lidera ampliamente en siniestros, lo que evidencia diferencias en la exposición al riesgo dentro del mismo mapa productivo.
A nivel de compañías, el mercado también se presenta concentrado. Un grupo reducido de aseguradoras lidera el negocio, con La Segunda, Sancor y Allianz a la cabeza. El top 10 concentra cerca del 90% de las primas, lo que deja en evidencia una estructura de mercado donde pocos jugadores dominan la oferta.
Más allá de los números, uno de los datos más relevantes del informe es la caída en la superficie asegurada, que pasó de más de 23 millones de hectáreas en 2024 a menos de 18 millones en 2025. Este retroceso no solo impacta en la producción, sino que también expone una problemática de fondo: la baja penetración del seguro en el agro argentino, una deuda histórica del sistema.
En el caso de los seguros forestales, el informe confirma su carácter marginal dentro del mercado. Con un volumen mínimo de primas y una cobertura muy acotada en términos de hectáreas, se trata de un segmento con escaso desarrollo y alta concentración.
En definitiva, el ejercicio 2025 deja una radiografía con claroscuros. Por un lado, una mejora en los indicadores técnicos tras un año complicado; por otro, una caída significativa en el volumen y señales persistentes de debilidad estructural.
En un contexto donde el agro vuelve a posicionarse como uno de los principales motores de la economía argentina, el desafío para el sector asegurador es evidente: lograr mayor penetración, diversificar coberturas y consolidarse como una herramienta real de gestión de riesgos para el productor. Por ahora, los números muestran que ese potencial todavía está lejos de ser plenamente aprovechado.









