Por Ernesto Bodenheimer y Ariel Gerosa.-
Hay una pregunta que aparece cada vez con más frecuencia en los foros del sector asegurador internacional: ¿los seguros paramétricos van a transformar la industria tal como la conocemos? La respuesta corta es: en parte, sí. Y esa parte importa mucho, especialmente para América Latina y nuestro país.
Existen “vacíos” de cobertura que muchas veces no se pueden transferir a través de las pólizas habituales. Son riesgos difíciles de tarificar, de peritar o de liquidar con los instrumentos tradicionales, como ser: sequías que se extienden campaña tras campaña, terremotos que paralizan regiones enteras, vientos extraordinarios o falta de los mismos, interrupciones de operación que no dejan un daño material visible, pero sí una pérdida económica concreta. En esos huecos es donde el seguro paramétrico encuentra su razón de ser.
Los seguros paramétricos no son una idea nueva. Existen desde hace décadas en ciertos nichos del mercado agrícola y de catástrofes naturales. Lo que cambio fue el ecosistema tecnológico que los rodea. La convergencia de datos en tiempo real, conectividad satelital, sensores de bajo costo y modelos climáticos cada vez más precisos, está llevando este tipo de producto a una escala y a una diversidad de aplicaciones que hace diez años era, sencillamente, impensable.
El elemento fundamental sigue siendo el mismo: tener a disposición datos precisos, verificables e independientes. Sin una fuente de datos confiable no hay parámetro, y sin parámetro no hay seguro paramétrico posible. Y es justamente ahí, en la disponibilidad y la calidad de los datos, donde América Latina tiene su mayor desafío.
¿Qué es un seguro paramétrico?
A diferencia del seguro tradicional, donde la indemnización depende de la demostración de una pérdida real y de la cuantificación técnica de esa pérdida, el seguro paramétrico paga automáticamente cuando un parámetro predefinido supera un umbral determinado. No importa cuánto perdió exactamente el asegurado. Importa si el evento ocurrió según los índices acordados.
Dicho de otro modo, el seguro tradicional indemniza el daño; el paramétrico indemniza el evento. Esa diferencia conceptual, que parece sutil, cambia por completo la mecánica del producto, su velocidad y su relación de confianza con el asegurado.
Algunos ejemplos concretos ayudan a plasmar mejor la idea:
- Un seguro paramétrico agrícola indemniza si la precipitación registrada por una estación meteorológica oficial, o por un dato satelital preestablecido, se ubica por debajo (o por encima) de X milímetros durante el período de cultivo, con independencia de la pérdida real de cada productor.
- Un seguro paramétrico de terremoto indemniza si el sismo supera cierta magnitud en una zona geográfica determinada, según el registro de una red sismológica de referencia.
- Un seguro de interrupción de operaciones puede dispararse, por ejemplo, si la velocidad del viento registrada por un anemómetro específico, como por ejemplo el del aeropuerto más cercano, o el de una estación propia, supera cierto En el caso inverso, para un parque de generación eólica, la póliza podría activarse si el viento resulta inferior a un nivel determinado durante una cantidad de horas preestablecida, cubriendo la caída de generación.
El mecanismo es elegante en su simplicidad: sin inspección pericial, sin controversia sobre la cuantificación, sin demoras en el proceso de reclamación. El disparador ocurre, el pago se ejecuta. En algunos casos, prácticamente de inmediato.
El seguro tradicional indemniza el daño; el paramétrico indemniza el evento.
Las ventajas que lo hacen atractivo
La velocidad de resolución es, sin duda, la ventaja más visible. En contextos de catástrofe, como ser terremoto, inundación, sequía extendida, la indemnización casi inmediata puede ser la diferencia entre que una empresa o un productor pueda recuperarse o no. Esperar meses a que se resuelva un expediente tradicional, en ese escenario, puede ser fatal. No es una exageración retórica, sino que la evidencia regional lo confirma. El CCRIF, el mecanismo paramétrico del Caribe, se compromete a pagar dentro de los 14 días posteriores a la activación de la póliza, y en la práctica lo cumple sistemáticamente.
La segunda ventaja es que el pago no depende de una pérdida reclamada por el asegurado. Esto reduce los costos de gestión para las aseguradoras y simplifica el proceso para todos los actores de la cadena.
La tercera ventaja es la escalabilidad. Un producto paramétrico bien diseñado puede cubrir miles o millones de asegurados con el mismo disparador, lo que lo hace especialmente interesante para llegar a segmentos que el seguro tradicional no alcanza.
A esto se suma una cuarta ventaja, muchas veces subestimada: la transparencia contractual. Las condiciones de pago están definidas de antemano y son objetivas. El asegurado sabe, desde el día uno, qué evento activa la cobertura y cuánto cobrará. Esa previsibilidad es un activo enorme para una planificación financiera.
El riesgo de base: el talón de Aquiles del modelo
Pero el seguro paramétrico tiene un problema estructural que ningún entusiasta del sector puede ignorar: el llamado riesgo de base (o basis risk). Es la diferencia entre lo que el parámetro indica y lo que el asegurado realmente perdió.
Puede manifestarse en dos sentidos. El asegurado puede no recibir indemnización, aunque haya sufrido pérdidas reales, porque el parámetro no superó el umbral, por ejemplo, la estación meteorológica registró lluvia suficiente, pero en el campo específico del productor hubo sequía por variaciones microclimáticas. O a la inversa, puede recibir una indemnización aun sin haber tenido pérdidas, porque el parámetro se disparó, pero su operación no resultó afectada.
Este desacople entre el índice y la realidad individual es la razón por la que el seguro paramétrico no puede reemplazar al seguro tradicional en contextos donde la pérdida individual varía significativamente respecto del parámetro de referencia. Y es también la razón por la que el diseño del producto (la elección del parámetro, la calibración del umbral, la densidad de la red de estaciones, la definición de la zona geográfica de referencia) resulta absolutamente crítico. Un producto paramétrico mal diseñado no es un seguro imperfecto, es una fuente segura de conflictos.
Existen herramientas para atenuar el riesgo de base, aumentar la densidad de datos. Por ejemplo, aumentar la densidad de estaciones o combinar datos terrestres con observación satelital, utilizar índices compuestos en lugar de un único disparador, o segmentar geográficamente las zonas de cobertura.
Muchas veces, la mejor solución no es elegir entre un seguro tradicional o paramétrico, sino combinarlos. Estas pólizas pueden concebirse como accesorias o adicionales de las coberturas habituales, aportando una indemnización casi inmediata, mientras el seguro tradicional resuelve el detalle fino de la pérdida.
El seguro paramétrico depende por completo de la calidad de sus datos, y en buena parte de la región esos datos son dispersos y no siempre tienen la precisión que el modelo necesita.
Y entonces, ¿cómo responde la industria? La estrategia de las grandes reaseguradoras consiste en dejar de depender de una única fuente terrestre. Munich Re, al desarrollar el primer índice de sequía para la Argentina, no se apoyó en estaciones meteorológicas, sino en imágenes satelitales, mediante un procedimiento de dos etapas. En primer lugar, el sistema identifica el cultivo por su firma espectral, esto es, el patrón único de luz y radiación electromagnética que cada tipo de planta refleja o absorbe, y que permite reconocerlo y clasificarlo a distancia. En segundo lugar, una vez identificado el cultivo, mide su grado de “verdor” por teledetección, indicador altamente confiable del rendimiento final, de modo que el pago se dispara cuando ese verdor cae por debajo de un valor detonante. En otros productos, destinados a sequía y lluvia intensa, la misma reaseguradora recurrió a datos satelitales de precipitación, que combinan estimaciones satelitales con registros de estaciones. El fundamento es claro, donde la red terrestre resulta insuficiente, el satélite provee cobertura homogénea, sin huecos geográficos. Swiss Re y los otros grandes reaseguradores tienen sus propios know how.

El caso argentino: ¿estamos cerca o lejos de su aplicación?
Corresponde detenerse en la situación de nuestro país, donde el seguro paramétrico presenta un cuadro de contrastes. Por un lado, existen antecedentes concretos.
Desde hace varios años opera en el mercado agrícola un seguro paramétrico de sequía basado íntegramente en tecnología satelital, desarrollado por una aseguradora nacional, la primera autorizada por la SSN para ofrecer una cobertura basada en índices, junto con Munich Re como reasegurador y una insurtech en el rol de agente de cálculo. Se desarrollaron coberturas de sequía y helada para los principales cultivos de la región pampeana, así como productos para tambos basados en índices de precipitación. La Argentina fue, de hecho, el país donde Munich Re desarrolló su primer índice de sequía por teledetección.
En el plano regulatorio, sin embargo, acaba de producirse un avance significativo. La Superintendencia de Seguros de la Nación aprobó recientemente un marco regulatorio específico para los seguros paramétricos, incorporando al Reglamento General de la Actividad Aseguradora un capítulo propio que establece reglas para su diseño, autorización y comercialización. La medida fue acompañada por la renovación del convenio de cooperación entre la SSN y la Secretaría de Agricultura. Se trata de un paso relevante, dado que hasta entonces estos productos carecían de un encuadre normativo propio, lo que operaba como un obstáculo para su desarrollo.
En síntesis, a nuestro entender, la Argentina no se encuentra lejos de la aplicación del seguro paramétrico, en rigor, ya lo aplica. Lo que resta recorrer no es tanto el camino tecnológico ni el regulatorio, sino el de la difusión, la confianza del asegurado y la resolución del problema de fondo que ya señalamos, como la calidad y la densidad de los datos que respaldan cada índice. En la medida en que estos factores se consoliden, el producto tiene una capacidad de crecimiento considerable, particularmente en un país cuya economía depende en grado tan alto de la producción agropecuaria y de su exposición al riesgo climático.
A nuestro entender, la Argentina se encuentra en la etapa de tratar de lograr que el seguro paramétrico sea una opción.
¿Herramienta del futuro o complemento del presente?
Nuestra visión es clara: el seguro paramétrico no va a reemplazar al seguro tradicional. Va a complementarlo. Y en ese esquema mixto, cada instrumento tiene su lugar natural.
El paramétrico es ideal para riesgos sistémicos, geográficamente definidos, con parámetros confiables y donde la velocidad de pago es crítica. El seguro tradicional sigue siendo insustituible para riesgos donde la pérdida individual varía significativamente, donde la causa del siniestro es relevante para determinar la cobertura, o donde la complejidad técnica requiere análisis pericial.
El futuro del sector asegurador en América Latina será, probablemente, un ecosistema donde ambos instrumentos coexistan; donde los profesionales del sector entiendan a fondo las ventajas y los límites de cada uno; y donde los clientes puedan acceder a la combinación que mejor se adapte a su perfil de riesgo.
Como sector asegurador, y especialmente como liquidadores de siniestros, tenemos la responsabilidad de comprender estas herramientas en profundidad. De ello depende que podamos desempeñar nuestra actividad adecuadamente y seguir aportando nuestro conocimiento técnico en una industria que evoluciona y que, al hacerlo, puede llegar a más personas con mejores soluciones. El riesgo no es que el paramétrico nos reemplace. El riesgo es no entenderlo a tiempo.









