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“Desarmar la IA”: de la encíclica del Papa a la vinculación tecnológica

Por Fabián Ruocco, director ejecutivo y co-fundador del Instituto Argentino de Inteligencia Artificial (INARIA).-

La nueva encíclica “Magnífica Humanitas” del Papa León XIV pone en evidencia un debate profundo sobre el rol de la tecnología con la Inteligencia Artificial a la cabeza de los cuestionamientos, ante la necesidad urgente de jerarquizar la IA al servicio de las personas.

El texto del Sumo Pontífice, que ya circula en laboratorios, empresas y despachos oficiales, no condena la tecnología: le exige ética. Pide que la técnica sirva y no gobierne, que los datos se entiendan como rostros y no como números, y que el trabajo no sea una variable de ajuste sino el centro del pacto social.

Entre los pasajes más comentados, se califica a la IA de “inquietante” y llama a “desarmar” la IA. “La palabra es fuerte, lo sé”, admite León XIV, “pero se eligió deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar las conciencias e indicar caminos a seguir para la humanidad”. Y, así como la Iglesia se comprometió -desde hace tiempo- al desarme nuclear, en tanto “servicio a la paz y a la dignidad de la familia humana”. En un sentido análogo, «la Inteligencia Artificial requiere hoy ser desarmada», porque «al igual que la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común». Y «las decisiones sobre la tecnología nunca deben separarse de la conciencia y la responsabilidad».

Desde el Instituto Argentino de Inteligencia Artificial venimos planteando hace tiempo este debate, alertando sobre la necesidad de una IA ética y sostenible, y que llevaremos al interior de las V Jornadas Federales que impulsa VinTecAr 4.0. Se trata de un espacio que ya cuenta con experiencia acumulada en las mesas de diálogo que cruzan la innovación y la producción con el territorio.

La cumbre, que reunirá a más de 50 organizaciones del ecosistema nacional de innovación tecnológica, incluyendo universidades, centros de investigación, empresas, cámaras y gobiernos locales, dejarán de lado sus agendas individuales para sentarse en una misma mesa. La consigna no es solo técnica es humana: ¿qué tipo de futuro estamos programando con la IA? Y el objetivo es claro: el uso de la IA para la transformación y no para la destrucción.

Vincular el código con el territorio, el algoritmo con el barrio, el data center con el hospital y la escuela, mejorar la forma de trabajar y la condiciones de trabajo también, creando valor en el sector privado y en el público. Alentando proyectos que promueven una IA ética, responsable y sostenible, capaz de exhibir un potencial transformador de impacto social y ambiental positivo.

Nos pasamos años discutiendo si la IA nos va a reemplazar. Sin embargo, la pregunta real es otra: ¿qué tareas queremos que haga la tecnología para que nosotros podamos ser más humanos? En este camino, la Encíclica nos invita a reflexionar sobre la necesidad de una visión integral para orientar la IA hacia el bien común. Solo juntos —quienes diseñan los sistemas y quienes sufren sus consecuencias, los países más ricos y los más pobres, las instituciones y los individuos, los centros de poder y las periferias— seremos capaces de construir un futuro, no para unos pocos privilegiados, sino para toda la familia humana.

“Magnífica Humanitas” recuerda algo que la tecnología a veces olvida: magnífica no es la máquina, es la humanidad que la crea. Y esa humanidad es plural. Está presente en el científico del CONICET, el tecnólogo del CEDyAT, en la docente de la Universidad de Avellaneda, en el operario que programa un torno y en la abuela que usa el celular para hablar con sus nietos. Argentina tiene una larga historia en ciencia y tecnología. Tuvo a Milstein, a Sábato, a Favaloro, pero además desarrolló las Centrales Nucleares de Energía y los satélites de ARSAT. Hoy toda la red federal tecnológica, que se agrupa en la órbita de VinTecAr 4.0 y de INARIA, propone interrogarnos sobre el para qué y para quién/es innovamos.