Por Juana Capdepont, Gerente de Agro en DDN Brokers.-
La forma de gestionar el riesgo climático en el campo está cambiando de la mano de la innovación. Hace no tantos años para saber qué depararía el clima y cómo iba a afectar la campaña, se miraba el cielo, se consultaba al vecino con más años en el campo y se confiaba en el almanaque y en la historia. Las decisiones de fecha de siembra, de elección de híbrido, de manejo del agua, se tomaban con experiencia, intuición y algo de fe.
Hoy tenemos modelos satelitales e índices oceánicos que anticipan patrones con meses de anticipación y pronósticos probabilísticos. No controlamos el clima -pero hoy lo entendemos mucho mejor- y eso cambia la forma en que tomamos cada decisión de manejo.
Sin embargo, el verdadero valor no radica en la acumulación de datos sino en la capacidad de interpretarlos para realizar una gestión sobre los riesgos climáticos y trasladarlos a la planificación productiva, difiriendo fechas de siembra, cultivos, etc. Esto es clave para estabilizar los riesgos del negocio.
Ocuparse más que preocuparse: la estrategia ante el “Súper Niño”
Los modelos satelitales y los meteorólogos confirman la consolidación de un escenario de “Súper Niño”. Ante esto, coincidimos con la visión del meteorólogo Leonardo De Benedictis: “el foco debe estar en ocuparse más que en preocuparse”. La respuesta frente a las tendencias de escenarios probables debe basarse en la planificación, la adaptabilidad y la minimización del riesgo por zonas y tipos de cultivo. No se trata de adivinar cuántos milímetros van a llover sino de evaluar qué tan preparada está la estrategia productiva y de gestión de riesgos para el escenario más probable.
Este escenario trae desafíos productivos, tanto en agricultura como en ganadería: más enfermedades, más malezas, más movimiento de hacienda y, sobre todo, desafíos logísticos. Todo esto exige seguimiento, monitoreo y planes alternativos. Asimismo, los “años Niño” generan mayor disponibilidad de humedad atmosférica e inestabilidad térmica, factores que incrementan la probabilidad de granizo y vientos. En este contexto, la contratación de coberturas tradicionales es la herramienta central para transferir el riesgo en lugar de asumirlo, funcionando estrictamente como una protección del margen del productor.
La reacción del mercado y la maduración de la demanda
A diferencia de campañas anteriores, el mercado de seguros ya muestra una fuerte reacción anticipada. Se registra una recepción temprana de pedidos de cotización e incluso confirmaciones adelantadas para cultivos de fina, junto con solicitudes iniciales para la campaña de gruesa. Entendemos que el productor, al tener cargado su perfil, sembró también temprano; vemos también un aumento en el pedido del adicional de vientos.
Respecto a las condiciones comerciales, estamos viendo que las compañías operan con tasas y premios similares a los de la campaña anterior, con ajustes puntuales únicamente en aquellas zonas de alta siniestralidad o donde el año Niño eleva el riesgo. En este escenario, el seguro de granizo deja de ser visto como un mero costo para transformarse en una decisión estratégica de gestión de riesgos y pasa a ser un insumo más dentro del margen bruto.
El futuro de los riesgos sistémicos: Seguros Paramétricos
La producción argentina convive estructuralmente con riesgos sistémicos como la sequía, las inundaciones y lluvias en exceso, que cuando se dan afectan simultáneamente a regiones enteras y para los cuales, históricamente, no existieron herramientas de transferencia masiva disponibles para todos los productores. Existieron algunas alternativas, como los seguros multirriesgo, pero estaban destinadas a productores de escala media a grande y con distribución de zonas de producción.
Hoy se abren dos vías concretas para resolver este problema:
- Precisión tecnológica. Como toda innovación de los últimos años, bajó el costo de fabricar y poner un satélite en órbita, y eso permitió multiplicar la cantidad de satélites tomando datos. Lo mismo pasó con la capacidad de cómputo: las supercomputadoras procesan hoy muchísima más información, lo que se traduce en mayor precisión tanto en resolución temporal como espacial. Y ni hablar de la profundización de la inteligencia artificial, que hace que los datos satelitales sean cada vez más precisos y medibles, incluso en superficies de pocos metros por píxel, permitiendo lograr índices más precisos y objetivos.
- Avance institucional. El reciente anuncio realizado en la Exposición Rural en julio pasado marcó un hito regulatorio en el país. La aprobación del nuevo marco normativo para los seguros paramétricos agiliza y optimiza los tiempos y procesos de aprobación de estos índices.
Este paso institucional sienta las bases para que en las próximas campañas el sector disponga de herramientas paramétricas eficientes para cubrir sequías, inundaciones y excesos hídricos.
En conclusión, la tecnología y la regulación avanzan juntas, y son la base para dar solución a una actividad marcada por la inestabilidad climática.









