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Las cooperativas y mutualidades de seguros en el actual escenario argentino

El Director Ejecutivo de la AACMS analiza los desafíos del actual escenario económico para las cooperativas y mutualidades de seguros. A partir de una eventual consolidación de la estabilidad y del regreso a una competencia basada en fundamentos técnicos, el autor destaca las fortalezas del modelo cooperativo y mutualista, y su potencial para reducir la brecha asegurativa mediante nuevos productos y segmentos. Asimismo, aborda el impacto de la inteligencia artificial y la necesidad de combinar la identidad asociativa con una mayor profesionalización técnica para convertir este contexto en una verdadera oportunidad de crecimiento.

Por Alejandro Canale Becker.-

Sin dudas, la actual coyuntura económica de nuestro país representa un cierto punto de inflexión. En la medida en que la inflación baje y se consolide la necesaria estabilidad cambiaria, podemos empezar a pensar en el mercado asegurador a largo plazo. Como sabemos, el largo plazo y la estabilidad son esenciales para el desarrollo normal y eficiente de la actividad aseguradora.

Ante esta perspectiva, a las cooperativas y mutualidades de seguros se les presenta una real oportunidad de sustantivo protagonismo. En la actual composición de la producción son cuatro las cooperativas que figuran entre las diez con mayor producción, lo cual significa un peso específico mayúsculo en el mercado actual.

Por el tipo de empresa que representan, las cooperativas y mutuales, gracias a su cercanía territorial, su conocimiento del riesgo local y su vínculo directo con el asegurado, poseen una ventaja competitiva concreta para gestionar y diversificar sus riesgos.

La brecha asegurativa en nuestro país representa finalmente una oportunidad de negocio para las cooperativas y mutualidades de seguros. Merced a su capilaridad en el interior del país y su modelo de cercanía con el asegurado, pueden apuntar a segmentos de la población como trabajadores de economías regionales, PyMEs y sectores de bancarización precaria que las aseguradoras tradicionales no siempre priorizan.

Seguros poco desarrollados como los microseguros u otro tipo de productos propios de nicho o regionales representan también un modo de crear la tan citada conciencia aseguradora, brindando soluciones eficaces para la protección de riesgos puntuales, muchas veces sólo atendidos por las cooperativas y mutuales.

El perfil comunitario de este tipo de entidades, donde las ganancias se reinvierten en la misma institución, brinda el vehículo más idóneo para el progreso de la comunidad toda, donde la entidad desarrolla sus negocios.

En un escenario de desinflación sostenida, donde la rentabilidad ya no puede apoyarse en la administración financiera de las reservas, todas las entidades, ya sean cooperativas, mutuales y sociedades anónimas por igual, deberán volver a competir en gestión de siniestros, suscripción y eficiencia operativa. Sin embargo, ante este escenario, el modelo cooperativista y mutualista, con estructuras de costos distintas y una relación de largo plazo con el asociado, puede convertir esa exigencia técnica en ventaja.

La inteligencia artificial es, quien puede dudarlo, una realidad palpable y, quien no se adapte, simplemente quedará de lado. Para las cooperativas y mutuales, que históricamente compitieron con estructuras más chicas, la tecnología puede ser un moderador, ya que permitiría ganar eficiencia sin resignar el trato personalizado que constituye su principal diferencial frente a los grandes grupos aseguradores.

No existen, como sabemos, rectas mágicas. Los obstáculos son grandes y diversos: la litigiosidad es un tema sumamente complejo para todo el ecosistema asegurador; el resultado técnico negativo en general del mercado es una señal de alarma que debe ser corregido urgentemente; la brecha asegurativa es aún muy grande en nuestro país. Estos y algunos más son los desafíos pendientes.

No obstante lo dicho, el futuro es auspicioso. Los mismos problemas estructurales, con una macroeconomía ordenada, procuran un mercado que empieza a salir de la lógica de supervivencia a costa del resultado financiero para volver a competir en fundamentos técnicos como solvencia, servicio e innovación y, por supuesto, sumado a la cercanía propia del modelo cooperativo y mutualista, lo que redunda en una oportunidad real de crecimiento para este tipo de entidades.

Hacer de esta oportunidad una realidad va a depender entonces de la capacidad de estas entidades para combinar su identidad asociativa con la profesionalización técnica que la nueva actualidad económica y social exige.