COBERTURA 100% SEGURO.- Evolución Insurtech Latam 2026 (EILA 26) se desarrolló el 12 y 13 de agosto en Santiago de Chile, organizado por InsurteChile, como un punto de encuentro regional para analizar las transformaciones que atraviesan al ecosistema asegurador y debatir nuevas formas de innovación y acceso a la protección.
En la apertura del evento, Rodrigo Labbé, presidente de InsurteChile, puso el foco en uno de los grandes desafíos estructurales de la industria: reducir la brecha de protección de seguros en América Latina.
Con una convocatoria que reúne cada vez más participantes de distintos mercados de la región (entre ellos Brasil, México, Perú, Argentina y, en esta edición, también representantes de Centroamérica), Labbé resaltó que EILA está dejando de ser un evento exclusivamente chileno para convertirse progresivamente en un espacio más amplio: “Cada vez más, este deja de ser un congreso chileno y empieza a ser un punto de encuentro regional para hablar de innovación en seguros”, recalcó.
En su discurso de apertura, el ejecutivo que es a su vez cofundador y CEO de la insurtech Jooycar, planteó que el desafío de ampliar la protección aseguradora no puede ser atribuido a un único actor del mercado y convocó a todo el ecosistema a asumir una responsabilidad compartida. “El fin de la brecha de protección de seguros no lo va a construir ni un gobierno, ni una gran fintech, ni una gran insurtech, ni una gran compañía de seguros. Pero sí lo puede construir un ecosistema colaborativo, sí lo podemos construir entre todos los que estamos presentes en este evento. Porque no nos podemos olvidar de que este es nuestro propósito”, afirmó.
Del “fome” a una industria con datos, tecnología y propósito
En un tramo más informal de su exposición, el presidente de InsurteChile recurrió a un término propio del lenguaje chileno para graficar el cambio de percepción que, a su entender, atraviesa al sector asegurador. “Voy a referirme a un chilenismo: fome. Fome en Chile es eso aburrido, que no tiene gracia, que da lo mismo. Y hasta hace poco pasaba que, para muchos, trabajar en el seguro era como fome”, relató.

Sin embargo, dijo que esa imagen ya no representa a una industria atravesada por la innovación tecnológica y por la posibilidad de generar un impacto concreto sobre la vida de las personas. “Yo veo lo que ha pasado y lo que va a pasar y esto es todo lo que no es fome”, aseguró. En su visión, el seguro cuenta con una ventaja estructural frente a otras industrias: “Estamos en una industria en la cual en su ADN están todos los datos. Somos candidata número #1 para una evolución radical con lo que viene ahora con la inteligencia artificial”.
Pero, más allá de los datos y la tecnología, Labbé reivindicó el propósito central de la actividad aseguradora: la promesa de acompañamiento ante los momentos más difíciles. “Detrás de cada póliza que emitimos hay una promesa para estar ahí cuando la vida golpea a las personas que más lo necesitan. Eso es todo un enfoque, eso es sexy”, aseveró. Y, con humor, cerró el concepto con una invitación a los propios actores de la industria: “Cuando le pregunten en qué trabajan, ponen la voz un poquito más ronca y dicen ‘en seguros’”.
El terremoto como ejemplo de la brecha de protección
Para llevar el concepto de brecha de protección a una situación concreta, Labbé planteó ante la audiencia un escenario especialmente sensible para los países latinoamericanos como un gran terremoto. El problema, explicó, no termina con el desastre natural. En muchos casos, la verdadera dificultad comienza después. “Lo peor viene después, cuando hay que reconstruir, que nos damos cuenta de que menos del 3% de las viviendas que se caen tienen un seguro”, señaló. La consecuencia es una dependencia mucho mayor de la respuesta estatal: “Hay que empezar de cero. Se depende del gobierno, que muchas veces tiene que reaccionar. Y reaccionar siempre es mucho más difícil que anticipar. Termina muchas veces siendo lento e insuficiente”.
Labbé aclaró que no estaba describiendo una situación específica de la región, sino que tomó como referencia el terremoto ocurrido en Turquía en 1999, aunque remarcó que prácticamente todos los países latinoamericanos han atravesado situaciones equivalentes. “También lo tuvimos recientemente en Venezuela, en Colombia y cada país de nuestra región ha tenido un equivalente”, indicó.
DASK: el modelo turco que mostró que anticiparse es posible
La elección de Turquía no fue casual. Labbé centró buena parte de su exposición en lo ocurrido después del terremoto de 1999 y en la decisión que tomó ese país para modificar radicalmente su capacidad de respuesta frente a futuras catástrofes. “Ellos tomaron la decisión de hacer algo audaz, algo distinto, para que la próxima vez que pasara, porque era claro que iba a pasar de nuevo, la reacción fuese diferente”, explicó.
Ese modelo se materializó en el DASK, un esquema de seguro obligatorio contra terremotos que Labbé comparó con el SOAT vigente en distintos países de la región. “El DASK funciona como un SOAP en Chile, en Colombia o en Perú. Es un seguro que cuesta alrededor de 36 dólares al año, es decir, menos de 3 dólares al mes, que genera una cobertura que llega hasta los 50 mil dólares y que ellos fueron implementando gradualmente”, detalló.
El resultado, según declaró, pudo comprobarse cuando Turquía volvió a sufrir un terremoto de gran magnitud en 2023. “¿Qué pasó? Volvió a temblar. En 2023 hubo otro gran terremoto en Turquía. ¿Cuál fue la diferencia? En lugar del medio millón de asegurados que había en 1999, esta vez había 12 millones de asegurados”, relató.
La escala de cobertura permitió modificar sustancialmente la velocidad de recuperación. “Cada uno recibió entre 25 mil y hasta 50 mil dólares para apoyar esta reconstrucción. Lo más importante es que eso ocurrió en menos de 24 horas”, destacó Labbé. Y manifestó que allí aparece uno de los elementos centrales del modelo: el seguro paramétrico.
Tres fuerzas para acelerar la innovación aseguradora en América Latina
A partir de ese ejemplo, explicó que el caso turco fue una de las referencias que impulsaron las discusiones internas de InsurteChile junto a la Asociación Insurtech Panamericana (AIP), impulsando distintos encuentros con líderes del sector para “levantar la mirada” y desafiar al ecosistema a pensar de manera diferente.
Para Labbé, el contexto actual ofrece condiciones particularmente favorables para avanzar en esa dirección. En ese sentido, identificó tres fuerzas que están contribuyendo a acelerar la transformación.
La primera es el crecimiento de las fintech y su capacidad para incorporar nuevos segmentos de población al sistema financiero. “En primer lugar, tenemos todo lo que tiene que ver con el aumento de la penetración que están trayendo las fintech. Están llegando a segmentos de los cuales antes no sabíamos nada. Y ahora, a través de su bancarización, podemos mirar y saber quiénes son”, precisó.
La segunda fuerza está vinculada al desarrollo del open finance en distintos países de América Latina. “En segunda instancia, está toda la regulación del open finance, que está ocurriendo en distintos países de Latinoamérica, no solo en Chile, pero en Chile con mucha fuerza”, subrayó. Según especificó, las finanzas abiertas generan la infraestructura necesaria para agilizar operaciones y ampliar el acceso a información. “La implementación del sistema de finanzas abiertas nos presta los rieles para acelerar lo que son los vencimientos, los pagos y el acceso a información”, puntualizó.
La tercera fuerza corresponde directamente al ecosistema insurtech y a la aplicación de inteligencia artificial. “Y, en tercer lugar, todo lo que están trayendo las distintas insurtech, que están apoyando con inteligencia artificial para poder generar saltos disruptivos en términos de la facilidad con la que se pueden hacer las cosas”, evidenció.
La combinación de estas tres tendencias, según Labbé, configura una ventana de oportunidad para que la industria se anime a modificar modelos tradicionales. “Entonces, este es el momento de atrevernos a hacer cosas mucho más audaces”, enfatizó.
ARCA: la propuesta de InsurteChile para ampliar la protección ante catástrofes
El presidente de InsurteChile sostuvo que la organización pretende asumir ese desafío no solamente desde el debate, sino también mediante iniciativas concretas. “De hecho, nosotros como InsurteChile queremos recoger ese guante y también promover cosas más audaces”, reveló.
En ese marco, presentó públicamente ARCA, una propuesta de seguro paramétrico frente a catástrofes, que busca tomar como referencia algunas de las características del modelo turco y adaptarlas a las necesidades de la región. “Se trata de un seguro paramétrico ante catástrofes, es decir, un Aseguramiento ante Riesgos Catastróficos (ARCA)”, expresó. La iniciativa, inspirada en el DASK, apunta a alcanzar una escala amplia de cobertura. “Queremos apuntar a que cubra a una gran parte de la población para asegurarla ante catástrofes naturales y personales”, definió Labbé.

Según anticipó, el proyecto ya comenzó a ser presentado ante autoridades chilenas y busca abrir una discusión sobre nuevas formas de diseñar soluciones aseguradoras para riesgos de alto impacto. “Esto ya lo estamos empezando a presentar ante las distintas autoridades y creemos que es posible pensar más allá de los límites que actualmente vemos como posible”, confirmó. Y adelantó que próximamente mantendrán un encuentro con el diputado chileno Diego Schalper para presentar formalmente la iniciativa.
Así, la apertura de EILA 2026 dejó planteado un mensaje que atraviesa tanto la agenda del evento como el desafío estructural de la industria aseguradora latinoamericana: la innovación no debería tener como único objetivo hacer más eficientes los procesos existentes, sino también ampliar el universo de personas y bienes que cuentan con protección. En la visión de Labbé, cerrar esa brecha exige combinar datos, inteligencia artificial, nuevas arquitecturas financieras, regulación, innovación insurtech y, fundamentalmente, colaboración entre los distintos actores del ecosistema.









