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Llega el fenómeno de “El Niño” a la Argentina: alerta por el impacto económico y operativo

Foto: Argentina.gob.ar
El incremento de las precipitaciones en zonas productivas clave, como la Cuenca del Plata y la Mesopotamia, amenaza con generar inundaciones severas, afectando la continuidad operativa del sector agropecuario, la infraestructura y las cadenas logísticas del país.

Marsh, líder global en corretaje de seguros y asesoría de riesgos, advirtió sobre el creciente impacto económico que podrían generar en Argentina los eventos climáticos extremos asociados a un fenómeno de “El Niño” de alta intensidad, en un contexto global marcado por temperaturas oceánicas en niveles récord.

Según datos de la Administración Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), existe una probabilidad superior al 90% de que “El Niño” se consolide durante la primavera en el Hemisferio Sur. Asimismo, hay previsiones de que alcance una intensidad severa (un escenario que algunos expertos ya denominan informalmente como “Niño Godzilla”), lo que históricamente se traduce en un aumento significativo de las lluvias en nuestro país.

Para Marsh, la exposición no se limita únicamente al impacto climático directo, sino al efecto económico sistémico que estos excesos hídricos generan sobre la infraestructura, la continuidad operacional y la capacidad de respuesta de las empresas, especialmente en el sector agroindustrial.

“Los eventos extremos están dejando de ser excepcionales. Hoy, el riesgo climático debe ser gestionado como un riesgo estratégico de negocio y no únicamente como un problema ambiental”, señala Sebastián Tobio, Vice President y Consulting Solutions Leader de Marsh Risk Consulting para South Cluster.

El ejecutivo advierte que muchas organizaciones, particularmente en el sector agropecuario e industrial, subestiman las pérdidas indirectas:

“Las mayores pérdidas no provienen exclusivamente del daño físico visible. Muchas veces el principal impacto financiero radica en la interrupción operacional, la falta de piso para levantar las cosechas, la paralización de la cadena de suministro o el aislamiento de activos y ganado en zonas ribereñas por las crecidas”, explica Tobio.

Los antecedentes en Argentina evidencian la magnitud de este riesgo. Episodios previos de un “Niño” fuerte, como el registrado en 1997-1998, afectaron severamente a la Cuenca del Plata, provocando graves anegamientos e inundaciones en la región de la Mesopotamia (Corrientes y Entre Ríos). El SMN ya anticipa precipitaciones superiores al promedio para las zonas productivas en los próximos meses.

Frente a esta coyuntura, desde Marsh advierten que muchos de los impactos corporativos y agrícolas podrían quedar parcialmente descubiertos debido a brechas estructurales en las pólizas y a la subvaloración de activos frente al riesgo climático:

“En Argentina todavía existe una importante diferencia entre lo que las empresas creen tener asegurado y lo que efectivamente cubren sus pólizas. Las brechas suelen aparecer cuando el evento ya ocurrió y es tarde para mitigarlo”, afirma el líder de Consulting Solutions de Marsh Risk Consulting para South Cluster.

Entre los principales problemas detectados en el mercado local se encuentran diferencias en las definiciones de coberturas por inundación versus anegamiento, exclusiones por desbordes de ríos y, fundamentalmente, una baja penetración de seguros asociados a la interrupción del negocio (lucro cesante).

Ante esta inminente amenaza climática, Marsh enfatiza la necesidad de adoptar un enfoque preventivo y analítico, fortaleciendo la gestión integral de riesgos mediante el análisis de escenarios catastróficos, la revisión preventiva de los programas de seguros y la implementación de planes de continuidad del negocio.

“La pregunta para el empresariado argentino ya no es si estos eventos van a ocurrir, sino cuándo y qué tan preparadas están sus organizaciones para enfrentarlos. Las empresas que aborden anticipadamente su gestión de riesgos serán las que logren sostener su rentabilidad, proteger sus operaciones y transformar la resiliencia en una ventaja competitiva”, concluye Tobio.