Hoy en día, es cada vez más común escuchar sobre algún conocido al que le robaron el auto. Ya no se trata únicamente de los típicos casos de “desvalije”, sino de situaciones mucho más silenciosas: autos que estaban estacionados y que, al revisar una cámara al día siguiente, se descubre que fueron robados en cuestión de minutos.
“Si bien los robos a mano armada continúan siendo los más frecuentes, también se registran casos sin confrontación directa, especialmente cuando el vehículo queda desatendido, incluso en entornos percibidos como seguros”, sostiene Daniela Medina, Gerente del Departamento de Seguridad y Emergencias de Ituran Argentina.
Eso es lo habitual en muchos aspectos del robo de autos: creemos que funcionan de una manera, pero en la práctica la realidad es otra. Frente a las nuevas modalidades delictivas y a los avances tecnológicos, resulta clave entender cómo operan los delincuentes y adoptar una estrategia que combine prevención con soluciones de monitoreo, localización y recupero. En este sentido, actualmente persisten ideas instaladas que generan confianza excesiva y, en consecuencia, dejan espacio para la vulnerabilidad:
“Los autos viejos no le interesan a nadie” o “los autos nuevos no se roban”
Durante años se creyó que los vehículos antiguos quedaban fuera del radar, mientras que otros suponen que los modelos nuevos, por contar con más tecnología, están naturalmente protegidos. Sin embargo, la realidad demuestra que cualquier vehículo puede convertirse en un blanco del delito.
Los vehículos más nuevos suelen ser especialmente atractivos por el valor de reventa de sus autopartes, la posibilidad de comercializarlos como “mellizos” o incluso trasladarlos a otros países para su venta. Además, así como la tecnología automotriz evoluciona constantemente, también lo hacen los conocimientos y las modalidades de las bandas delictivas dedicadas al hurto y robo automotor.
Por su parte, los autos más antiguos también son robados con frecuencia, principalmente para desguace o para ser utilizados en otros delitos. En muchos casos, incluso, resultan más fáciles de vulnerar debido a que cuentan con menores medidas de seguridad.
“Si está en un garage, está 100% seguro”
Según el último indicador de Ituran, en marzo los robos en garages, que el mes anterior no registraban casos, pasaron a representar el 7,89%, lo que evidencia un crecimiento significativo en este tipo de hechos. Muchas veces, estas situaciones se dan por accesos vulnerables o incluso por complicidad interna. La seguridad, entonces, no pasa solo por dónde está el auto, sino por cómo está protegido.
“En donde vivo, no pasan esas cosas”
Sentirse tranquilo en el barrio donde uno vive es fundamental, pero eso no debería hacer perder de vista que cualquier persona puede convertirse en objetivo. Muchas veces, esa sensación de seguridad deriva en descuidos que terminan generando oportunidades.
“De día es menos probable”
Sin embargo, los datos muestran que los robos atraviesan distintas franjas horarias. Si bien el tramo entre las 18 y las 24 horas concentra mayor incidencia, también hay niveles significativos durante la mañana y la tarde. No existen horarios completamente exentos, y asumir lo contrario puede llevar a bajar la guardia en momentos donde no corresponde.
“Si tiene alarma, ya está protegido”
Las alarmas son una herramienta útil, pero por sí solas no alcanzan. Muchos robos ocurren igual, ya que los delincuentes saben cómo desactivarlas o simplemente ignoran el sonido, porque ya no provocan la misma reacción que antes. Es clave complementarlas con otras medidas de seguridad, como sistemas de localización y recupero vehicular que permitan actuar rápidamente ante un robo.
En el fondo, todos estos mitos tienen algo en común: parten de ideas que tal vez alguna vez tuvieron sentido, pero que hoy necesitan ser revisadas. Porque mientras las modalidades delictivas cambian, la prevención también tiene que hacerlo.
Por estos motivos, es importante no caer en la confianza excesiva, pero tampoco en la preocupación constante: “La clave está en mantener una mirada objetiva y adoptar medidas concretas, sumando capas de seguridad y refuerzo que ayuden a reducir riesgos. La seguridad se construye día a día, a partir de pequeñas acciones que pueden marcar la diferencia entre un hecho delictivo y evitarlo por completo”, concluye Medina.









