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La inteligencia artificial desplaza al cambio climático como principal riesgo global para los expertos, según AXA

Imagen: Adobe Stock.
El informe “Future Risks Report 2026”, elaborado por AXA en colaboración con Ipsos, ubica por primera vez a la inteligencia artificial y el big data en el primer puesto del ranking de riesgos emergentes a nivel mundial. Mientras crece la preocupación por las consecuencias de esta tecnología, el estudio también advierte sobre la inestabilidad geopolítica, las amenazas cibernéticas y los cambios demográficos, y destaca el papel de la prevención y las aseguradoras en la construcción de una sociedad más resiliente.

La inteligencia artificial (IA) se convirtió en una de las principales preocupaciones sobre el futuro global. Así lo revela la edición 2026 del Future Risks Report, el estudio anual de AXA, elaborado en colaboración con Ipsos, que analiza la percepción de expertos y ciudadanos acerca de las principales amenazas que enfrenta la sociedad. El estudio de este año reunió respuestas de 4.345 expertos de 62 países y regiones, además de 24 mil integrantes de la población general de 19 países.

Por primera vez desde que se realiza el relevamiento, la inteligencia artificial y el big data encabezan el ranking de riesgos identificados por los expertos, por delante del cambio climático. El desplazamiento refleja la velocidad con la que estas tecnologías están transformando la economía y la vida cotidiana, pero también la incertidumbre que persiste sobre sus consecuencias y la capacidad de las instituciones para anticiparlas y gestionarlas.

La IA pasó del cuarto puesto en 2025 al primero en 2026. Entre los especialistas que la consideran una de sus principales preocupaciones, el 54% sostiene que se trata de un riesgo que está emergiendo rápidamente, mientras que apenas el 9% considera que las autoridades públicas están suficientemente preparadas para afrontarlo.

El resultado marca un cambio significativo en la percepción de los riesgos emergentes y plantea nuevos interrogantes para las empresas, los gobiernos y, especialmente, para una industria aseguradora que debe adaptar sus modelos de evaluación, prevención y protección a un escenario tecnológico en rápida evolución.

 

La IA lidera el ranking de riesgos globales

El informe de AXA sitúa a la inteligencia artificial y el big data en el primer lugar de las preocupaciones de los expertos a nivel mundial. El cambio se produce en un contexto en el que la adopción de estas tecnologías se extiende a múltiples actividades, al tiempo que crecen los interrogantes sobre sus efectos económicos, sociales y regulatorios.

El ranking de los diez principales riesgos identificados por los expertos para 2026 quedó conformado de la siguiente manera:

  1. Inteligencia artificial y big data.
  2. Cambio climático.
  3. Inestabilidad geopolítica.
  4. Riesgos de ciberseguridad.
  5. Riesgos energéticos.
  6. Tensiones y movimientos sociales.
  7. Fragmentación social.
  8. Riesgos para la estabilidad financiera.
  9. Riesgos macroeconómicos.
  10. Recursos naturales y biodiversidad.

La presencia de la IA en el primer puesto no supone que los riesgos ambientales hayan perdido relevancia. El cambio climático continúa ocupando el segundo lugar entre los expertos y conserva el liderazgo entre la población general. Sin embargo, la evolución del ranking evidencia que la transformación tecnológica pasó a ocupar un lugar central en la evaluación de las amenazas que podrían condicionar el futuro.

A su vez, la ciberseguridad se mantiene entre los principales riesgos globales, en una señal de que la expansión de las tecnologías digitales también incrementa la importancia de proteger los sistemas, la información y las infraestructuras críticas.

La inestabilidad geopolítica, los riesgos energéticos y las tensiones sociales completan un panorama en el que las amenazas no actúan de manera aislada: pueden combinarse y amplificar sus efectos sobre la actividad económica, las organizaciones y las comunidades.

 

La preocupación por la IA también crece entre los ciudadanos

Aunque el cambio climático sigue siendo la principal preocupación de la población general, la percepción ciudadana sobre la inteligencia artificial experimentó un avance considerable en apenas un año.

Según el informe, la IA pasó del séptimo al segundo puesto entre los riesgos que más preocupan a los ciudadanos. El dato refleja una mayor sensibilización sobre los posibles efectos de esta tecnología y una convergencia progresiva entre las inquietudes de los especialistas y las del conjunto de la sociedad.

La diferencia entre ambos grupos sigue siendo relevante: mientras los expertos colocan a la inteligencia artificial y el big data en el primer lugar, la población general mantiene al cambio climático como su principal preocupación, independientemente de la edad.

Esta evolución plantea un desafío para las organizaciones que incorporan IA en sus procesos. Además de evaluar su potencial para mejorar la productividad y desarrollar nuevos servicios, deberán considerar cómo gestionar los riesgos asociados y generar confianza entre clientes, empleados y otros grupos de interés.

Para el sector asegurador, la cuestión tiene una doble dimensión. Por un lado, la propia industria puede aprovechar estas tecnologías para mejorar la suscripción, la gestión de siniestros, la detección del fraude y la relación con los asegurados. Por otro, debe evaluar las nuevas exposiciones que pueden surgir de su uso y desarrollar criterios adecuados de prevención y protección.

 

Los cambios demográficos redefinen las necesidades de protección

Más allá de los riesgos tecnológicos, climáticos y geopolíticos, el “Future Risks Report 2026” pone el foco en las transformaciones demográficas y sus consecuencias para los sistemas de protección. El descenso de la natalidad, el envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida y la evolución de las estructuras familiares están modificando las necesidades de las personas a lo largo de sus vidas. Estos cambios repercuten sobre la demanda de soluciones vinculadas con la salud, la dependencia, el ahorro, la jubilación y la transmisión del patrimonio.

Para las aseguradoras, el desafío consiste en adaptar sus productos y servicios a trayectorias vitales cada vez más diversas, sin perder de vista la accesibilidad económica de la protección.

En ese escenario, los modelos tradicionales deberán convivir con propuestas más flexibles, capaces de responder a distintas situaciones familiares, laborales y patrimoniales. La evolución demográfica también exige revisar cómo se distribuyen los riesgos y cómo se diseñan las coberturas para acompañar a las personas durante las diferentes etapas de la vida. La accesibilidad adquiere especial importancia: la innovación no se limita a desarrollar nuevos productos, sino que también requiere garantizar que las soluciones de protección continúen al alcance de quienes las necesitan.

 

La prevención gana protagonismo frente a los riesgos emergentes

Uno de los mensajes centrales del estudio es que una parte significativa de los riesgos puede reducirse mediante acciones preventivas. Según los resultados presentados por AXA, el 85% de los expertos y ciudadanos considera que los riesgos que más le preocupan pueden evitarse o mitigarse, al menos parcialmente, mediante medidas de prevención. Además, la mayoría de la población manifiesta estar dispuesta a adoptar comportamientos que contribuyan a reducir su exposición a estas amenazas.

Esta percepción refuerza la importancia de avanzar desde una lógica centrada exclusivamente en responder ante los daños hacia otra que incorpore la anticipación, la reducción de vulnerabilidades y la preparación frente a posibles eventos adversos.

En el ámbito asegurador, este cambio supone una oportunidad para ampliar el alcance de la propuesta de valor. La prevención puede traducirse en mejores prácticas de gestión de riesgos, asesoramiento a clientes, herramientas de monitoreo y soluciones que ayuden a disminuir la probabilidad o la magnitud de los siniestros.

El enfoque también resulta relevante frente a amenazas de naturaleza muy diferente. En los riesgos climáticos, puede involucrar medidas de adaptación y protección de infraestructuras; en el ámbito digital, el fortalecimiento de la seguridad y la gestión de datos; y frente a los cambios demográficos, el desarrollo de mecanismos de protección que acompañen las nuevas necesidades sociales. El desafío consiste en transformar la prevención en una práctica sostenida, respaldada por información confiable y por la colaboración entre empresas, autoridades y ciudadanos.

 

El papel de las aseguradoras ante una nueva matriz de riesgos

El estudio también destaca la relevancia que la sociedad atribuye a la industria aseguradora frente a las amenazas emergentes. En concreto, el 68% de los ciudadanos considera que las aseguradoras desempeñan un papel importante en la protección de la sociedad frente a estos riesgos.

Esta expectativa abre una oportunidad para que el sector fortalezca su contribución más allá de la indemnización posterior a un siniestro. La capacidad de evaluar exposiciones, ofrecer asesoramiento, promover conductas preventivas y desarrollar soluciones adaptadas a nuevos escenarios puede convertirse en un diferencial competitivo.

La transformación también exige revisar los modelos de análisis y suscripción. A medida que aparecen nuevas amenazas tecnológicas y se intensifican otras ya conocidas, las compañías necesitan comprender cómo se combinan los riesgos, qué consecuencias pueden generar y cuáles son las alternativas disponibles para mitigarlos o transferirlos.

En el caso de la inteligencia artificial, esto implica analizar tanto las oportunidades que ofrece su incorporación al negocio como las responsabilidades y vulnerabilidades que pueden surgir de su utilización. En paralelo, los riesgos climáticos y demográficos demandan productos que respondan a necesidades de protección cambiantes y a exposiciones que no siempre pueden abordarse con esquemas tradicionales. La prevención, la innovación y la adaptación de las coberturas se perfilan, así, como componentes centrales de una estrategia aseguradora orientada a la resiliencia.

 

Una industria llamada a anticiparse

El “Future Risks Report 2026″ muestra un escenario en el que la inteligencia artificial se incorpora al centro de las preocupaciones globales, sin desplazar la importancia del cambio climático ni de otras amenazas económicas, geopolíticas y sociales. El avance de la IA en el ranking de expertos y ciudadanos evidencia la necesidad de mejorar la capacidad de anticipación frente a tecnologías cuyo desarrollo puede superar la velocidad de adaptación de las instituciones. Al mismo tiempo, los cambios demográficos y la persistencia de los riesgos ambientales obligan a revisar las necesidades de protección y la forma en que se diseñan las respuestas.

Para el mercado asegurador, el desafío pasa por combinar su función tradicional de transferencia de riesgos con una participación más activa en su prevención y mitigación. En este contexto, la capacidad de anticipar escenarios, adaptar productos y acompañar a los clientes antes de que se materialicen los daños será determinante para sostener la relevancia de la industria en una sociedad cada vez más expuesta a riesgos interconectados.