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Inhibidores de señal: el robo silencioso de autos que la ley todavía no logra frenar

Foto: Shutterstock.

El robo de autos con inhibidores de señal volvió a instalarse en la agenda pública luego de que un juzgado federal enviara un oficio al Congreso de la Nación para reclamar una reforma penal que criminalice la tenencia de estos dispositivos. El planteo llegó después de que la Justicia sobreseyera a dos acusados por este tipo de delito, al concluir que la figura penal vigente no contempla la simple posesión de un inhibidor, sino únicamente su uso efectivo para interferir comunicaciones generales. Es decir: hoy, quien circula con uno de estos equipos no comete delito hasta el momento en que lo utiliza para robar.

Este planteo judicial reabre un debate vigente desde hace años, porque la modalidad no solo no cedió, sino que continúa en aumento. Se trata de un robo silencioso, que no deja marcas visibles ni genera alertas inmediatas, lo que lo vuelve especialmente difícil de detectar tanto para las víctimas como para las fuerzas de seguridad.

Los inhibidores son dispositivos electrónicos diseñados para emitir señales de radiofrecuencia que interfieren la comunicación entre la llave del vehículo y su sistema de cierre centralizado. La mecánica es sencilla y, por eso mismo, efectiva: el delincuente enciende el inhibidor en el mismo momento en que el conductor presiona el botón para cerrar el auto y alejarse. Al bloquearse la señal, el vehículo nunca recibe la orden de cierre, por lo que el conductor se aleja confiado en que su auto quedó cerrado, cuando en realidad permanece abierto y con fácil acceso.

A esta modalidad se suma otra variante que también crece: el uso de equipos que cargan una batería de códigos hasta dar con el que desbloquea el vehículo, simulando la señal original de la llave. Ambas técnicas comparten la misma lógica, aprovechar un punto ciego de la seguridad electrónica para actuar sin violencia y sin dejar rastros.

“Es una modalidad que crece justamente porque es difícil de probar y de perseguir penalmente. Hoy, el marco legal todavía no está a la altura de la tecnología que usan las bandas organizadas, y eso demora la respuesta judicial mientras el delito sigue ocurriendo”, explica Verónica Zoccali, Jefa de Producto de Ituran Argentina.

Frente a este escenario, desde Ituran Argentina comparte cuatro recomendaciones que demuestran que la combinación de hábitos simples y tecnología sigue siendo la herramienta más efectiva de prevención:

  1. Verificar el cierre. Después de cerrar el auto, comprobar que las puertas queden realmente trabadas y prestar atención a las señales visuales (destellos de balizas) y sonoras (bocina) que confirman el cierre.
  2. Aislar la llave. Guardarla en una “jaula de Faraday”, un estuche metálico que bloquea la emisión de la señal, una medida sencilla que impide que los delincuentes la capten incluso con antenas amplificadoras.
  3. Actualizar la tecnología del vehículo. Optar por sistemas de seguridad con encriptación o frecuencias variables, capaces de detectar la presencia de un inhibidor activo y disparar alarmas o notificaciones automáticas.
  4. Sumar rastreo satelital. Contar con un sistema de seguimiento GPS que, ante un posible delito, notifique automáticamente a centros de control, que pueden coordinar la respuesta con las fuerzas de seguridad.

Más allá de la prevención, la clave también está en lo que sucede una vez consumado el robo:

“Ahí es donde la tecnología marca la diferencia. Un sistema de rastreo monitoreado las 24 horas es lo que permite ubicar el vehículo minutos después del robo y coordinar con las fuerzas de seguridad para el recupero, incluso cuando el auto ya fue movido varios kilómetros”, sostiene la experta.

Mientras la discusión legislativa recién empieza, la prevención tecnológica no puede esperar:

“El vacío legal que señaló la Justicia es real y hay que resolverlo, pero mientras tanto los conductores no pueden quedar desprotegidos. Por eso insistimos tanto en la combinación de hábitos de cuidado y tecnología de rastreo”, cierra Zoccali.