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Del delito improvisado al crimen inteligente: la inseguridad también evoluciona

Los robos a hogares y vehículos ya no son lo que eran. El patrón común: las nuevas tecnologías forman parte del delito y son clave para prevenirlos. ¿Cómo protegemos nuestros bienes en esta nueva era?

Por Martín Py, Gerente de Alianzas Estratégicas de Strix Cono Sur.-

Observar una foto de la década del ’90 es revisitar un mundo que, en buena parte, ya no existe: un mundo en el que internet era una rareza, no había teléfonos móviles inteligentes, redes sociales ni la omnipresente IA y en el que todavía, y no por mucho tiempo, lo analógico reinaba sobre lo digital. El cambio que experimentamos como sociedad en estas últimas tres décadas fue un salto cuántico, un movimiento vertiginoso que no conoce precedentes en la historia de la humanidad y que impacta en cada aspecto de nuestras vidas. Incluyendo, de más está decirlo, el delito.

Durante décadas, el robo de una vivienda o de un auto solía tener patrones predecibles: improvisación, violencia física (cuando la víctima estaba presente), poco planeamiento y, en muchos casos, motivación oportunista. La protección estaba a la altura de las circunstancias: una cerradura simple, una reja o una alarma convencional podían resultar suficientes, en muchos casos, para mantener a raya al delincuente promedio.

La evolución digital se filtra cada vez más en el mundo del crimen “tradicional”, es decir, sin contemplar las amenazas modernas vinculadas a la ciberseguridad. Hoy, un asalto en una casa o la sustracción de un automóvil no responden solamente al azar. Se ven con mayor frecuencia bandas organizadas, con capacidad para estudiar patrones de movimiento, analizar rutinas o, incluso, utilizar tecnología para interceptar señales o desactivar sistemas de seguridad.

 

Nuevas modalidades, viejas mañas

Por supuesto, las modalidades continúan siendo múltiples en una región de América latina donde la cantidad de delitos contra la propiedad supera holgadamente los tres dígitos cada 100.000 al año, según los últimos datos disponibles en Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay. Sin embargo, se visualizan patrones repetitivos: las acciones son más planificadas y más difíciles de anticipar.

En particular, en el caso de los vehículos, en los últimos años se multiplicaron las denuncias por robo con inhibidores de señal. Se trata de una innovación: algo que casi no existía hasta hace apenas una década. Implica el uso de dispositivos que bloquean el cierre centralizado, con lo cual el vehículo queda abierto sin que el conductor lo perciba. De hecho, la Superintendencia de Seguros de la Nación indicó que es un modus operandi que se populariza, aunque aún está lejos de los robos a mano armada, el principal método utilizado por los criminales en los más de 100.000 casos que hubo en 2024 en el país.

 

La era de la prevención inteligente

Así como cambian los patrones delictivos, evolucionan también las herramientas para defendernos. El éxito de los sistemas de recupero vehicular de los últimos años ofrece una pauta clara de esto. Contar con un sistema de monitoreo inteligente, sensores conectados, seguimiento satelital y respuestas automatizadas es, además de una forma de anticiparse al delito, un factor disuasivo en sí mismo, según se ha demostrado en distintas ediciones del Congreso Latinoamericano de IAATI, que en agosto tuvo su octava edición, esta vez en Santiago de Chile.

Y la protección tiende a profundizarse. Hoy los propietarios pueden saber al instante qué ocurre en su casa o con su vehículo, recibir alertas inmediatas ante una intrusión, activar un protocolo de asistencia o tomar decisiones a distancia para mejorar las condiciones de seguridad. La velocidad y la coordinación hacen la diferencia.

El juego del gato y el ratón seguirá repitiéndose los próximos años. Los delincuentes desafiarán los modelos de seguridad establecidos. Las herramientas tecnológicas nos permitirán enfrentar esos nuevos desafíos. La clave estará en apostar a la prevención inteligente para estar siempre un paso adelantados.